Cuando los defectos de alguien parecen inundar cada interacción que tenemos con esa persona, probablemente no estamos viéndola como una persona, sino una versión plana y desproporcionada del individuo que realmente es.

El año pasado en una feria estatal, posé para un caricaturista. Cuando el artista dio la vuelta a la imagen, lo que vi fue una cara de ardilla, de mejillas gigantes y dos enormes dientes delanteros. El artista había incluido otras sutiles pero reconocibles características, sin embargo, los dientes y las mejillas dominaban el dibujo. Se lo devolví al artista, había exagerado dos de los rasgos que más me desagradan.

Cuando los caricaturistas dibujan, exageran intencionalmente algunas características y simplifican o minimizan otras. En cuestión de minutos, pueden hacer un dibujo que objetivamente no se parece en nada a la persona, pero que captura su imagen a la perfección. Cuando actuamos hacia los demás con una mentalidad “dentro de la caja”, nosotros mismos jugamos el papel de caricaturistas. En lugar de ver a un individuo complejo con una historia única e interesante, vemos una versión bidimensional simplificada, y probablemente poco favorecedora, de esa persona. Desafortunadamente, esto nos pasa a menudo.

Igual que el artista que dibujó mi retrato destacó exageradamente dos de mis rasgos, cuando necesitamos justificar nuestro propio comportamiento, tendemos a exagerar los defectos de los demás. Las peculiaridades son más prominentes, las diferencias son más grandes, mucho más de lo que incluso podríamos haber notado antes. Y cuando empezamos a enfocarnos en esas faltas exageradas, se vuelve cada vez más claro para nosotros que estamos en lo correcto.

Es probable que todos hayamos dibujado mentalmente, en el trabajo o en casa, caricaturas de algunas personas. Ese compañero de trabajo irritante que siempre parece bloquear tus ideas en una reunión de equipo; un empleado que constantemente da excusas por los plazos incumplidos; el hijo que no nos hace caso. Cuanto más vemos a alguien como incapaz, poco inteligente, grosero, egoísta, descuidado, etc., más fácil es mirar más allá de nuestros propios errores. Ya no podemos ver que quizás estamos equivocados debido a que los fallos de la otra persona parecen indiscutibles.

Pero ¿y si realmente están equivocados?

Cuando un caricaturista hace un dibujo, técnicamente está dibujando lo que tiene delante. El artista que hizo mi dibujo no estaba inventando el hecho de que realmente tengo dientes, ojos y nariz. Todo lo que hizo fue dibujar esas características existentes con una perspectiva alterada. Lo mismo ocurre con nosotros. Es probable que en algún momento trabajemos con compañeros de trabajo difíciles, tratemos con alguien que tenga un desempeño bajo o tengamos un hijo rebelde. Estos son hechos, ¿verdad? No nos inventamos el comportamiento de las personas.

Entonces, ¿qué podemos hacer? Ver a alguien con una mentalidad “fuera de la caja” no significa que estemos excusando sus comportamientos, tampoco significa que sus comportamientos no existan. Pero esos comportamientos nunca nos quitarán la capacidad de elegir nuestra forma de ser, es decir, si vemos o no a esa persona como una persona.

En Arbinger, hablamos mucho sobre el patrón circular de las confabulaciones. Cuando experimentamos un conflicto con otra persona, es probable que nuestro comportamiento alimente el problema que estamos tratando de resolver. Quedamos atrapados tratando de corregir, cambiar y convencer a la otra persona que debe cambiar, porque sus defectos son todo lo que podemos ver y acabamos provocando los mismos comportamientos que queremos detener. Afortunadamente, hay una salida, y está en nuestras manos.

Aunque las diferencias pueden ser todo lo que podemos ver, reenfocar nuestra forma de ser hacia la otra persona cambiará nuestra perspectiva. Cuando sentimos curiosidad por otras personas y comenzamos a verlas como los personajes complejos y tridimensionales que son, los defectos que eran tan evidentes comienzan a encogerse. Es posible que aún existan, pero ya no dominarán nuestro enfoque.

Ver las luchas de otros, aprender sobre ellas y construir una relación lleva tiempo. Puede ser difícil. Puede ser doloroso. No es tan fácil como quedarse con su caricatura y regodearse en lo agraviados que nos hace sentir. Pero al final, terminaremos dibujando una imagen mejor. Una imagen (más equilibrada) con detalles, errores y complejidades. Una imagen que hace que otras personas den un paso atrás y digan: «Yo también quiero hacer algo así».


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Desarrollo e Implementación
de una Mentalidad Fuera de la Caja

17, 19, 24 y 26 noviembre 2020