Por The Arbinger Institute

Como muchos expertos en liderazgo, en Arbinger también creemos que la humildad es una característica clave de los líderes de éxito. Pero, ¿qué significa realmente ser humilde? Y ¿cómo podemos serlo?

Nos hacemos las siguientes preguntas: ¿cómo llegan a ser humildes los líderes? ¿Se trata de una cualidad innata? ¿O, por el contrario, se tiene que desarrollar? En cualquier caso ¿qué entendemos realmente por humildad?

Veámoslo.

Lo que NO es humildad

Podríamos decir que lo opuesto ala humildad es la arrogancia. Cuando nos vemos a nosotros mismos como mejores que los demás, efectivamente no estamos siendo humildes.

Pero consideremos otra forma de entender la humildad, aunque sea menos obvia. Tampoco somos humildes cuando nos ponemos a nosotros mismos por debajo de los demás, cuando nos consideramos “menos que” otros.

¿Y cómo puede ser esto? ¿Acaso no es la humildad lo mismo que la auto-humillación?

En nuestra opinión, no es así. La razón es que cuando nos rebajamos tanto—cuando creemos de verdad que no importamos tanto como los demás—estamos poniendo el foco en nosotros mismos, igual que lo hacemos cuando estamos siendo arrogantes. Con esta mentalidad “menos que”, no podemos ser todo lo conscientes de las necesidades de los demás y ayudarles, como sí lo haríamos desde la humildad. Por ejemplo, alguien que se ve a sí mismo como “menos que” puede tener miedo de que se vean y se juzguen sus defectos, así que se preocupa de proteger su imagen ante los demás. Con este enfoque podrían estar ciegos a las necesidades de sus compañeros, o podrían no darse cuenta de qué manera ellos mismos están creando un problema a los demás.

¿Cómo dejamos de ser humildes?

Como personas, solemos tener un sentido de lo que necesitan los demás—qué les podría ser útil, qué debemos hacer en una situación determinada. Cuando decidimos traicionar este impulso fundamental, generamos la necesidad de justificar esta elección. De alguna manera debemos hacer que parezca correcto el no haber hecho lo que sentíamos que debíamos hacer.

Así que empezamos a vernos a nosotros mismos (y a los demás) de forma diferente. Por ejemplo:

  • Soy la única persona competente en este equipo (los demás necesitan que les diga lo que tienen que hacer)
  • Solo soy el novato, ésta no es mi responsabilidad (los demás deberían decirme lo que tengo que hacer)
  • Soy el único que saca los temas adelante (los demás son débiles y no merecen mi respeto)
  • No soy lo bastante bueno para este puesto (está bien si les pido a los demás que hagan mi trabajo)
  • Y así sucesivamente.

Utilizamos estas auto-imágenes para justificar las elecciones que hacemos. Por ejemplo, quizás la persona que se considera tan “competente” utiliza esta autoimagen para justificar su elección de decirle a la gente de su equipo lo que tienen que hacer, sin pedirles su opinión ni escuchar sus sugerencias.

Debemos tener en cuenta que estas elecciones por lo general no son explícitas. Tienen lugar sin un proceso mental lógico: pareciera que las cosas son así y siempre han sido así. Para nosotros son experiencias reales tanto a nivel de creencias como de emociones.

La verdadera humildad significa ver con claridad

Para ser realmente humildes necesitamos desprendernos de estas justificaciones. La humildad es la habilidad de vernos a nosotros mismos tal cual somos, tanto nuestras fortalezas como nuestras debilidades, nuestros altos y bajos, nuestras aportaciones y necesidades, sin justificarnos.

En otras palabras, la verdadera humildad es la máxima expresión de la autoconciencia.

¡Esto es realmente difícil! Tal y como señalaba un miembro de Arbinger recientemente, “¿Cuántos de nosotros nos miramos de cerca y nos encanta lo que vemos? Pedirle a alguien que se desprenda de su imagen auto-justificadora es pedir mucho.”

Y aquí viene lo más difícil: ¿cómo podemos desprendernos de estas imágenes? Si para nosotros estas justificaciones son la verdad, si las creemos y sentimos como verdaderas, ¿cómo podemos soltarlas si ni tan siquiera las vemos? ¿Cómo podemos lograr ese nivel de auto-conciencia si estamos atrapados en nuestros propios bucles de creencias auto-justificadoras?

Ver a los demás para vernos a nosotros

El único modo de salir de nuestro circulo de creencias auto-justificadoras es a través de los demás: verlos como personas que importan exactamente lo mismo que yo. Los seres humanos existimos en relación con otros. No podemos ser humildes (o arrogantes o cínicos) en el vacío. Cuando vemos a los demás más claramente nos vemos a nosotros más claramente. Nos volvemos más humildes cuando respondemos a la humanidad del otro.

Para llevar estas ideas a la práctica, una manera de comenzar a ver a otros como personas es siendo realmente curiosos: ¿que les está pasando? ¿Cuáles son sus dolores de cabeza, su objetivos y necesidades?

Así que el reto que te proponemos en este post es salir y ser curioso. Encuentra a alguien—en el trabajo, en casa, un amigo—y hazle preguntas, interésate de verdad por ellos y escucha con atención lo que están diciendo. ¿Qué cambia en tu relación con ellos? ¿Qué cambia en tu relación contigo mismo?

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