La razón por la que las personas no transfieren a su puesto de trabajo lo aprendido en una formación, es que les pedimos que cambien los comportamientos, pero no les ayudamos a cambiar la mentalidad.

Lograr que la formación sea efectiva es quizás uno de los mayores retos que enfrentan los responsables de Desarrollo de Talento en la actualidad. En este post, exploramos la causa raíz de este problema y una herramienta para solucionarlo.

Quiero comenzar compartiendo una historia, una historia que puede parecer irrelevante al principio. Sin embargo, quédate conmigo, ya que revelará el problema que subyace a las limitaciones de la formación.

Resistencia y evitación

Recientemente me mudé a un nuevo apartamento. En la semana anterior a la mudanza, mi esposa se encargó de organizar el traslado y distribuyó las tareas de embalaje entre los dos.

La verdad es que yo no tenía ganas de empaquetar y mudarme. Estaba muy ocupado en el trabajo; ése no era el mejor momento para mí. Lo único que quería hacer por las noches, al llegar a casa, era relajarme.

Así que evité hacer mi parte del embalaje. De hecho, encontraba razones para quedarme hasta tarde en el trabajo y, después, al volver a casa, me ponía a jugar un buen rato con nuestra hija de 10 meses. Cuando llegó el viernes, había terminado menos de un cuarto de lo que me correspondía embalar. La mudanza era el lunes siguiente.

El domingo por la mañana, mi esposa me dijo que ya había terminado su parte del embalaje. Efectivamente, su mitad estaba totalmente organizada y cuidadosamente apilada. Yo estaba muy rezagado y seguía resistiéndome a terminar mi parte. Cuando el domingo llegó a su fin, estaba resentido con mi esposa e incluso estaba pensando en mil razones por las que no deberíamos mudarnos.

 

Un cambio en el corazón

Después, empecé a pensar cómo sería mudarme con alguien como yo: organizar una casa entera con alguien que arrastraba los pies, ponía los ojos en blanco y no hacía su parte. Miré a mi alrededor y vi el fantástico trabajo que había hecho mi esposa a pesar de mi actitud difícil. Ella se había esforzado mucho, preocupándose de verdad por el bienestar de nuestra familia. Me di cuenta de que yo le había complicado bastante las cosas al pensar en la mudanza solo en términos de cómo me afectaba a mí.

En ese instante, al reflexionar sobre el impacto de mi renuencia en mi esposa, el resentimiento desapareció y una ola de motivación se apoderó de mí. Por primera vez, me sentí emocionado con el hecho de empaquetar y mudarnos. A la mañana siguiente, me desperté antes que mi familia y en tres horas terminé lo que tenía pendiente. Lo hice con un corazón ligero y sin sentimientos de resistencia o resentimiento.

 

La mentalidad conduce a la resistencia o a la aceptación

¿Podríamos preguntarnos qué relación guarda esta historia con hacer que la formación sea efectiva? Consideremos lo que acabó marcando la diferencia en mi modo de actuar: fue un cambio de mentalidad. Al principio, yo tenía lo que llamamos una mentalidad dentro de la caja, donde solo tenía en cuenta mis propios objetivos y preocupaciones.

Con esta mentalidad, ciertos comportamientos tenían sentido para mí: evitar el trabajo de empaquetar, jugar con mi hija en lugar de ayudar y quedarme hasta tarde en la oficina. Estos comportamientos servían mis propios intereses.

Pero el domingo, al cambiar la manera de considerar la situación mi mentalidad pasó a ser fuera de la caja, que es cuando tenemos en cuenta el impacto de nuestras decisiones y acciones en los demás y ajustamos nuestros comportamientos para serles útiles.

En cuanto hube experimentado un cambio de mentalidad, se abrió la puerta a una serie de comportamientos nuevos, comportamientos que no hubieran tenido ningún sentido para mí antes de este cambio.

La mentalidad fuera de la caja ayuda a que la formación dé resultados

La mayoría de modelos de formación están enfocados a cambiar los comportamientos. Pedimos a las personas que sean más abiertas, serviciales, que se comprometan más, etc.

La razón por la que estos esfuerzos de formación no se sostienen en el tiempo es porque pedimos a las personas que cambien los comportamientos, pero no les ayudamos a cambiar la mentalidad. Con una mentalidad dentro de la caja, centrada en uno mismo, es fácil que las personas se resistan a efectuar ciertos cambios, a culpar a otros o a hacer lo que se espera de ellos durante un tiempo, pero, casi siempre, suelen volver a los viejos hábitos en cuanto desaparecen la presión o la atención. Sin un cambio de mentalidad, nuevos comportamientos no tienen sentido. No es posible tener comportamientos fuera de la caja con una mentalidad dentro de la caja.

Sin embargo, con una mentalidad fuera de la caja, los nuevos comportamientos tienen todo el sentido. Además, con esta mentalidad, las personas quieren actuar de maneras nuevas y más útiles para los demás o para el conjunto de la organización. La resistencia, la culpa y otras disfunciones que tan a menudo observamos después de una formación, se desvanecen.

La pregunta correcta

Con esta nueva comprensión de cómo la mentalidad determina el comportamiento, tenemos que cambiar la cuestión que estamos debatiendo. En lugar de preguntar: “¿Cómo podemos lograr que los comportamientos se mantengan en el tiempo?”, Debemos preguntar:

¿Cómo podemos cambiar la mentalidad para que los comportamientos deseados se conviertan en algo natural?

Esta es la cuestión central que Arbinger ayuda a las organizaciones a abordar.

Una herramienta para cambiar la mentalidad

Quiero compartir en este post una herramienta que permite cambiar la mentalidad tanto en situaciones desafiantes o complicadas en la vida personal como en el trabajo.

El patrón V.A.M.

V.A.M. es un acrónimo que significa Veo a los demás, Ajusto esfuerzos y Mido el impacto.

 

Patrón VAM

 

El patrón V.A.M. se hace en tres pasos:

  1. Veo a los demás. Vemos a los demás como seres humanos que importan igual que nosotros. Sentimos curiosidad por ellos: sus necesidades, retos, objetivos y dolores de cabeza. Hacemos preguntas y escuchamos desde el corazón para entender cómo es estar en su lugar. Incluso podríamos preguntarnos cómo les hemos impedido conseguir sus objetivos.
  2. Ajusto esfuerzos. Con esta información, analizamos las cosas que nosotros hacemos y nos preguntamos ¿Cómo nos podríamos haber metido en su camino? ¿Cómo podemos ajustar nuestros esfuerzos para serles más útiles? Luego ponemos en marcha un plan de ajustes.
  3. Mido el impacto. Le explicamos a la persona los ajustes que hemos hecho y le preguntamos si nuestros esfuerzos realmente les ayudan a lograr sus objetivos.

El patrón V.A.M. es iterativo, nos sirve para evaluar continuamente si estamos siendo útiles a los demás y si hay algo más que podamos hacer. Este proceso debe practicarse de la manera más sistemática posible, no solo con las personas a las que lideramos, sino también con todas las personas a las que afectamos en el desempeño de nuestras funciones.

Cuando apliques V.A.M. en el trabajo y en la vida en general, recuerda que la mentalidad determina los comportamientos. Si podemos cambiar la mentalidad, podemos cambiar el comportamiento de manera más permanente, incluyendo los comportamientos que cualquier formación persigue.