La gratitud: el antídoto del ego

La gratitud: el antídoto del ego

Ser agradecidos nos permite poner la atención más allá de nosotros mismos.

Un año de agradecimiento.

Hace algunas décadas, John Kralik había tocado fondo. Su bufete de abogados estaba perdiendo dinero, pasaba por un segundo divorcio y tuvo que separarse de sus hijos. Tenía 20 kg de sobrepeso y vivía en un apartamento destartalado y, por si fuera poco, su novia acababa de dejarle.

El día de Año Nuevo, cuando John hacía una excursión por las montañas, se le ocurrió que debería estar agradecido por lo que tenía en lugar de lamentarse por lo que había perdido, así que se comprometió a escribir 365 notas de agradecimiento en el año que empezaba, una por día.

Día tras día, nota tras nota, John escribía palabras de agradecimiento para sus socios, empleados de las tiendas, vecinos, sus seres queridos, los amigos de la universidad, también para sus enemigos y casi a cualquiera que había hecho algo bueno por él.

Poco a poco, la vida de John empezó a cambiar. Cada nota representaba ese ladrillo sobre el que empezó a edificar una nueva forma de ver el mundo, una forma que le permitía ser diferente y obtener resultados diferentes. Desde una mayor estabilidad financiera, la pérdida de peso y nuevas amistades, John transformó completamente su vida mediante actos de gratitud.

Para la mayoría de nosotros, la historia de John nos provoca aprecio y quizás sorpresa. Si alguna vez has mostrado gratitud a alguien o por algo, y la mayoría de nosotros lo hemos hecho, hemos podido comprobar que mejora tanto nuestra actitud como la perspectiva.

Sin embargo, no siempre agradecemos lo suficiente. El autor Aldous Huxley observó una vez: “La mayoría de los seres humanos tienen una capacidad casi infinita para dar las cosas por sentado”.

¿A qué se debe?

Una posible explicación a las palabras de Huxley, es el hecho de que a menudo nos atribuimos el mérito cuando las cosas van bien, pero culpamos a los demás cuando las cosas salen mal—lo que demuestra que estamos ciegos al mérito que tienen los demás cuando las cosas salen bien.

Detrás de la ingratitud está el ego. La ingratitud nos invita a poner el foco en nosotros mismos, en nuestras necesidades y deseos. Nos lleva a creer que tenemos ciertos derechos o que nos corresponde algo y nos sentimos resentidos cuando el mundo no cumple con nuestras expectativas. Esto nos ciega a lo que otros hicieron para ayudarnos a alcanzar nuestros éxitos.

De acuerdo con la literatura más reciente sobre liderazgo, podríamos decir que los antídotos más comunes al ego son la capacidad de autoconciencia y la humildad. Si bien estos atributos efectivamente nos ayudan a aliviar la ceguera de nuestro ego, el atributo que subyace a ambos es la gratitud.

La gratitud nos libera de nuestra propia “estrechez de miras”

Al destacar los beneficios de la gratitud, G.K. Chesterton escribió: “Podría sostener que dar las gracias es la forma más elevada de pensamiento, y que la gratitud es la felicidad multiplicada por la capacidad de asombrarse”.

En su cita, Chesterton dirige nuestra atención a la capacidad que tiene la gratitud de ver lo que hay más allá de nosotros mismos, de sacarnos suavemente de nuestro ensimismamiento, de nuestro ego y de abrir nuestros ojos a todo lo que nos ofrecen los demás.

Según reflexiona Neel Burton, M.D.,

Al mirar hacia afuera, la gratitud nos ayuda a cambiar la atención, pasando de mirar lo que nos falta o aquello por lo que luchamos, a lo que ya tenemos, abriendo así nuestros ojos a la recompensa que es la vida, algo que podemos admirar, que nos deleita y que podemos celebrar, en vez de olvidar, ignorar o dar por sentado cuando pasa por nuestro lado. Esta perspectiva mucho más amplia nos libera para vivir la vida, no desde nuestra “estrechez”, sino desde el esplendor de la vida misma.

Como la gratitud “nos libera de vivir la vida desde nuestra estrechez”, en realidad nos invita a vivir para los demás—transformando nuestra vida dominada por el ego hacia una vida abundante que pone la atención afuera, la misma vida que John Kralik construyó día a día. Y nos atreveríamos a añadir que la gratitud puede conseguir transformaciones aún mayores.

Un nuevo año repleto de gratitud

Igual que hizo Kralik, con este post nos gustaría invitaros a considerar un año de gratitud para este 2019. Agradezcamos cualquier cosa, desde el “puedo respirar” a la escucha sincera y auténtica de un amigo cuando le contamos nuestras tribulaciones, y también el esfuerzo y compromiso de las personas de mi equipo que lo dan todo para conseguir los resultados.

La gratitud es el antídoto del ego, el remedio de nuestra “estrechez de miras” y la gran oportunidad de abrazar la amistad, la salud y la abundancia de la vida.

El estrés crónico y cómo renovarse

El estrés crónico y cómo renovarse

Las emociones son contagiosas. Trabajan mediante un tipo de neuronas, llamadas neuronas espejo, las cuáles captan señales y activan una señal en nuestro cerebro. Se contagian en un milisegundo.

Los seres humanos estamos conectados físicamente los unos a los otros para sentir las emociones de los demás.

¿Qué separa al gran líder que es capaz de crear relaciones inspiradoras, de seguir haciéndolo y no hacer lo contrario? El estrés crónico

¿Y qué es el estrés crónico?

El estrés crónico es un tipo de estrés que es constante, bloqueante. Se calcula que cada día podemos llegar a sufrir hasta 8 y 10 episodios de estrés. Cada día tenemos un montón de situaciones que nos invitan a “caer en ello”, mucha presión por los resultados, exceso de reuniones, algunas relaciones incómodas dentro y fuera de la empresa, etc…

Si lo pensamos bien, ¿cómo empezamos muchas de nuestras jornadas laborales? Con los temas pendientes y/o los problemas atrasados y los que van surgiendo de forma imprevista. Cuando esto ocurre, aumenta la respiración, ésta se vuelve más entrecortada, nos sentimos preparados para la lucha y la pelea, el cerebro se cierra a la posibilidad y se prepara para estar en modo supervivencia. Nuestra visión y/o opciones de ver cosas se reduce hasta un 30% y nos cerramos a la apertura de nuestras propias emociones. Necesitamos un respiro y parar para recuperarnos. Darnos permiso para ello.

¿Cuándo producimos estos episodios de estrés crónico?

1.- Cuando la actividad es importante para nosotros.
2.- Cuando el resultado de aquello que hacemos es incierto.
3.- Cuando sentimos y sabemos que aquello que hacemos está siendo evaluado.

En los tres casos, el común denominador probablemente es el exagerado foco en uno mismo, y el casi nulo foco en el impacto que todo ello tiene en los demás. Estamos tan pendientes de nosotros mismos y de cómo todo nos impactará en nuestros objetivos, que nos olvidamos realmente de impactar de forma útil en los demás. ¿Nos ayuda vivir estos episodios de esta manera? ¿Podría ser que estuviéramos funcionando inconscientemente con una mentalidad “dentro de la caja” (con el foco en mí mismo)? ¿Las emociones que sentimos podrían ser un síntoma de este enfoque y de que algo no funciona?

Ante este panorama, nuestro cuerpo y nuestra mente necesitan renovarse.

¿Cómo? Con gimnasia, es decir, dándonos cuenta primero (auto-conciencia) de que estamos “dentro de la caja” (solo vemos lo nuestro) y haciendo cosas que nos ayuden a ver más allá de nosotros mismos. Por ejemplo:

  • Cuando nos mostramos compasivos, dejamos de mirarnos obsesivamente y ponemos el foco en los demás, con un interés real por sus asuntos y nos abrimos a ayudar.
  • Cuando mostramos gratitud, buscamos en la esencia y valores que definen quiénes somos de verdad, y nos apetece dar, regalar emociones, conectar y dar las gracias de forma sincera.

Cuando hacemos esto, nuestro pulso baja, nuestra respiración se calma, nuestro cuerpo y mente se relajan y empezamos a sentir alegría y paz.

Así pues, el dilema es claro, cuando entramos en un estado de estrés crónico, dejamos de ser inspiradores y dejamos de ser el líder que deseamos ser. Es cuando, en lenguaje “Arbinger”, decimos que entramos en “la caja”. La “bandera roja” que nos advierte que hemos entrado en “la caja” es cuando ponemos el foco 100% en nosotros mismos y en nuestras preocupaciones y problemas, lo que no nos deja ver más allá de nosotros mismos.

Así pues, el gran reto para el líder consiste en incrementar la dosis de renovación, ya que podemos minimizar el estrés, y debemos construir los máximos antídotos posibles.

Por ejemplo, algunas ideas sencillas para renovarse son:

  • 10 respiraciones profundas
  • Meditar cada día
  • Yoga, Tai chi, etc…
  • Rezar desde la compasión
  • Tener un perro
  • Ilusionarse con un futuro esperanzador
  • Ejercicio físico diario y moderado
  • Llamar a alguien que te contagia energía positiva o que te vé todas las gracias
  • Ir a pasear contemplativamente o escuchando la música que te emociona

¿Cuándo nos deberíamos renovar? Cada día si es posible. ¿Con qué frecuencia? Toda la que puedas.

Efectos de la soledad en la salud

Efectos de la soledad en la salud

Estudios recientes sugieren que se avecina una nueva crisis de salud. Afortunadamente, no se trata de la peste bubónica. Más bien, se trata de algo mucho más presente en el día a día: la soledad.

La soledad: una epidemia 

Los estudios sugieren que la soledad va en aumento entre los países occidentales. Particularmente en Estados Unidos, un estudio publicado en 2012 indicó que entre el 20 y el 43 por ciento de los adultos estadounidenses mayores de 60 años sufren de “soledad frecuente o intensa”. En el Reino Unido, más de 9 millones de adultos británicos informaron sentirse solos “a menudo o siempre”.

Con esta información, algunos países ya están tomando medidas. Por ejemplo, en el Reino Unido, la ministra para el deporte, Tracey Crouch, ha asumido la tarea de llevar a cabo las acciones que la Comisión Jo Cox recomienda para paliar la soledad. En Japón, ha surgido un nuevo tipo de negocio que consiste en sanear el lugar donde ha fallecido alguien en soledad y ha yacido en su apartamento durante cierto tiempo hasta que se ha descubierto su cuerpo. En los EE. UU., el ex-cirujano general, Vivek H. Murthy, habla sobre una epidemia de soledad detectada en el lugar de trabajo.

No es casual que se le esté prestando tanta atención a la soledad puesto que varios efectos adversos para la salud están asociados a ella. Entre ellos se encuentran la presión arterial alta y las enfermedades cardiovasculares, que se atribuyen, en parte, a niveles más altos de cortisol, la “hormona del estrés”. La reducción del sistema inmunológico es otra consecuencia potencial de la soledad, así como dolores estomacales y privación del sueño. Por último, se cree que la soledad pone a las personas en riesgo de mortalidad precoz.

El sentido de conexión humana alarga la vida 

¡Lo que es interesante es que otras investigaciones sugieren que el sentido de pertenencia y cohesión social no solo reduce el riesgo de mortalidad precoz, ¡sino que incluso puede prolongar la vida!

La investigadora Susan Pinker se propuso estudiar por qué la población de Cerdeña, la isla italiana en el Mediterráneo, tenía 10 veces más habitantes centenarios que América del Norte. Descubrió que solamente tenían el 25% de genes de la longevidad, mientras que el 75 % restante podría atribuirse al estilo de vida. Pero, ¿cuál era exactamente ese estilo de vida que les permitía vivir hasta los 100 años? Nada más y nada menos que la integración social y el contacto humano. En contraste con la soledad, que puede provocar efectos adversos para la salud, el contacto humano libera varias sustancias químicas que protegen a las personas en el presente y en el futuro.

La mentalidad fuera de la caja: buena para el trabajo … ¡y también para la salud!

Con una mentalidad fuera de la caja, vemos a los demás como personas. Estamos al corriente de los retos que enfrentan, así como de sus objetivos y aspiraciones. Y por ello, comprendemos que importan tanto como nosotros. Cuando implementamos la mentalidad fuera de la caja en las organizaciones, los silos se descomponen. Tenemos en cuenta a los demás y somos conscientes de nuestro impacto en ellos. Deseamos colaborar más para conseguir los objetivos en los que trabajamos todos como organización. En resumen, nos integramos socialmente.

Por lo tanto, la investigación anterior sugiere que la integración social y la conexión humana potenciadas con una mentalidad fuera de la caja podrían suponer más que un beneficio meramente laboral. Podría ser bueno incluso para la salud. O, como dice Susan Pinker:

Al igual que los aldeanos de Cerdeña, es un imperativo biológico saber que pertenecemos.

De hecho, una mentalidad fuera de la caja podría beneficiarnos en el trabajo y a nuestra salud al mismo tiempo. En sus declaraciones sobre la epidemia de la soledad, Murthy, ex-cirujano general, sugiere que deberían tenerse en cuenta los cambios en el lugar de trabajo para combatir la soledad. Afirma:

Mucha gente siente que las personas con las que trabajan son solo compañeros de trabajo, y no los considerarían sus amigos … Pero ahí estamos perdiendo una gran oportunidad, porque cuando las personas tienen un vínculo fuerte con los compañeros de trabajo, no solo mejoran la productividad y los resultados de la organización, sino que además mejoran la salud.

Para mejorar la salud, pon el foco afuera

Los beneficios de la mentalidad fuera de la caja son muchos, y aplicarla para tener una buena salud puede ser otro beneficio. Por lo tanto, adopta con constancia mentalidad fuera de la caja. ¡Podría ser tu elixir de la vida!