Oye, ¿y tú qué harías? El liderazgo efectivo

Oye, ¿y tú qué harías? El liderazgo efectivo

El liderazgo efectivo crea relación y la interacción de la relación genera resonancia. Transmite energía positiva, genera cercanía y confianza, cuida la relación, hace vibrar, influye, inspira…

Ayer almorzando con el Director General de una conocida marca y empresa perteneciente a un importante grupo empresarial, sonó su teléfono y le observé. Escuchó lo que su interlocutor le trasladaba (imaginé que un problema), y me quedé con una pregunta que, una vez escuchado el mensaje, le trasladó casi automáticamente: “Oye, ¿y tú qué harías?. Me llamó la atención cómo hizo la pregunta, y sobre todo intuí que la tenía muy integrada en su estilo de liderazgo.

Convencer a otro de que haga algo diferente habitualmente no funciona. Antes que nada, se necesita conectar, desde el magnetismo, y construir relación y confianza.

 

El líder ayuda a crecer

El principal reto y responsabilidad de un gran líder es AYUDAR A CRECER a sus colaboradores.

La efectividad de su liderazgo no se mide por lo que el líder pueda lograr, sino por lo que puedan lograr aquellos a los que lidera.

Esa es la frase del aprendizaje que Dan Funk, COO de Plum Healthcare Group, LLC, importante grupo de centros sanitarios en EE.UU., menciona en el libro Mentalidad fuera de la Caja: ver más allá de nosotros mismos, tras explicar la difícil y, a la vez trascendente y enriquecedora experiencia, que tuvo al hacerse cargo de un centro que acababan de comprar.  Es una historia magnífica que ejemplifica la importancia de desarrollar la auto-conciencia en el liderazgo y el impacto inmediato que tiene en el equipo.

Dan se encontró con lo que hoy llamamos “un marrón”: un centro con graves problemas de funcionamiento y unos empleados acostumbrados a la cultura de la anterior dirección de obedecer y cumplir órdenes.

Dan intentó cambiar eso con reuniones grupales donde les hacía participar para aportar ideas de mejora, pero solo obtenía silencio. Eso le sorprendió y frustró inicialmente, pero persistió cambiando de táctica y decidió “arremangarse” y ponerse a trabajar “mano a mano” con empleados de todos los niveles, y preguntarles “Oye, ¿y tu qué harías? en esto, o para mejorar aquello… Eso le permitió empezar a crear vínculos con ellos. Gracias a ello comenzó a construir la confianza y a despertar el potencial y las ganas de los empleados de pensar por sí mismos y aportar ideas.

 

El liderazgo efectivo no es imponer tus ideas

Uno de los mejores aprendizajes que Dan menciona en el libro fue el esfuerzo de autogestión y resistencia que tuvo que hacer para no imponer sus ideas en dichas interacciones:

Aprendí a que cuando a alguien se le ocurre una idea, siempre que no sea un retroceso o cause un problema, es importante dejar que crezca y que se implemente.

Dan se dio cuenta que era mucho más beneficioso para la organización cuando dejaba que se aplicarán las ideas de los demás, que cuando intentaba que los demás implementaran una idea suya. Sus dos mayores sorpresas fueron darse cuenta, primero, de las veces que las ideas de los demás eran mucho mejores que las suyas, y segundo, de la “alegría contagiosa” que consiguió al constatar la energía renovada con la que trabajaban los empleados cuando les daba el poder de implementar sus propias propuestas e ideas.

El “contagio” empezó cuando comprobaron su impacto inmediato y positivo. Podríamos resumir que re-aprendieron a VER las necesidades y problemas de sus pacientes, adaptaron lo que hacían para serles más útiles y midieron el impacto de dichos ajustes.

 

El líder ve a los otros como personas

La parte más impactante del relato que hace Dan, es el caso de la Directora de Admisión de Pacientes. A Dan, su actitud y resistencia provocaban en él que la VIERA como irrecuperable y, mientras se planteaba despedirla, ella le sorprendió pidiéndole más responsabilidades de las que tenía, diciendo que nunca se le había dado la oportunidad. Entonces, ella le propuso a Dan la idea de ir a ver a un hospital pequeño que tenía cerca de su casa y que nunca, hasta entonces, había enviado ningún paciente al centro sanitario. La sorpresa de Dan fue mayúscula cuando un mes más tarde constató la entrada de gran cantidad de pacientes procedentes de ese hospital. Dan suelta otra “perla” de sus aprendizajes: “Vio un potencial en sí misma que yo me negaba a ver. Gracias a esto su vida cambió profundamente, pero la mía también”. Decidió que no volvería a presuponer nada de los demás antes de que pudieran tener las oportunidades adecuadas, y se ponía enfermo de pensar a cuántos otros pudo haber dejado de lado, que podrían haber sido trabajadores excelentes si hubieran tenido una oportunidad.

La “traca final” del aprendizaje de auto-conciencia del liderazgo efectivo, Dan Funk:

Me he dado cuenta de que cuando intento imponer mis ideas a los demás y, por lo tanto, les impido pensar por sí mismos, soy más un obstáculo que una ayuda.

Esta experiencia real es un rayo de esperanza de que el gran líder puede lograr que sus equipos participen al máximo en la planificación, den la mejor versión de sí mismos, y además sean auto-responsables de la ejecución, venciendo la creencia limitante de que los trabajadores raramente participan al máximo al hacer su trabajo y no digamos al planificarlo. Dan Funk VIO a sus empleados como personas, es decir, como individuos que tienen la capacidad y el deseo de conseguir resultados y que lo que les motiva a contribuir es auténtico. El error fundamental en liderazgo consiste en no honrar esta realidad sobre los demás.

Dos maneras de enfrentar una situación que nos pone a prueba

Dos maneras de enfrentar una situación que nos pone a prueba

Cada vez que nos encontramos ante un reto, una situación que nos parece injusta o que nos hace sufrir, ¿cómo elegimos actuar? ¿Con una mentalidad dentro de la caja o con una mentalidad fuera de la caja?

En mi lugar de trabajo la mentalidad es muy de ir a lo mío 

No tengo tiempo de aplicar ninguno de los marcos o herramientas de mentalidad

Mi jefe espera que cumpla sin rechistar, no que tenga una mentalidad 

Mis compañeros de trabajo son unos vagos y nadie les dice nada

Mi jefe no tiene ni idea

Los líderes en nuestra empresa van a lo suyo, no miran por el bien de la organización

Los jefes me endosan a la gente problemática y luego me atan las manos para que no pueda gestionarlos

Seamos sinceros, no podemos evitar sufrir en esta vida. Los problemas, los desafíos, la injusticia, los malos tratos, los obstáculos e incluso la tragedia caracterizan gran parte de nuestro trabajo y experiencia personal. Además, algunas personas a veces actúan con mala intención. En todas las culturas, tanto periódicos, como la historia y las historias personales están plagadas de ejemplos sobre personas que actúan con mala intención, perjudicando deliberadamente a los demás.

Y hay algo que puede empeorar aún más la tragedia y la maldad.

La mentalidad dentro de la caja exacerba el sufrimiento

Cuando abordamos el inevitable sufrimiento de la vida con una mentalidad dentro de la caja (donde sólo me importa lo mío), aún empeoramos más las cosas, mucho más, porque ponemos el foco en nosotros mismos. Solo vemos nuestros propios problemas, retos y necesidades, y tendemos a culpar a los demás de los problemas. No los vemos como personas, sino como objetos: los otros son obstáculos que nos impiden obtener felicidad, éxito, satisfacción, etc …

Hay una cita muy interesante de Albert Maysles:

La tiranía es la eliminación deliberada de los matices

Cuando para conseguir nuestros propósitos rechazamos el “matiz” que hay en la humanidad de los demás (sus retos, preocupaciones, esperanzas, miedos, pereza, o incluso maldad, etc.), adoptamos una mentalidad que nos tiraniza. Esta clase de mentalidad se caracteriza por la culpa, el autoengaño y la autojustificación y nos exime de toda responsabilidad personal.

Con esta mentalidad, a menudo nos recreamos en nuestra condición de víctima, reviviendo el dolor mucho después del incidente original. Al creernos tanto el papel de víctima, incluso llegamos al extremo de dejar que las “injusticias” vividas nos depriman.

 

La mentalidad fuera de la caja es más útil en situaciones desafiantes

Con una mentalidad fuera de la caja ponemos nuestra atención en el impacto de nuestras acciones en los demás. Vemos a los demás como personas, personas que importan igual que nosotros, que tienen necesidades, retos y objetivos, como nosotros. Estamos conectados con ellos y con su humanidad.

No les hacemos responsables de nuestros retos y dificultades de la misma manera que lo hacemos con una mentalidad dentro de la caja. De hecho, con una mentalidad fuera de la caja, podemos reconocer y abordar el mal comportamiento, el maltrato o la injusticia que nos ha sido dispensado, y no nos regocijamos en nuestra condición de víctima, ni dejamos de reconocer nuestra parte de responsabilidad mediante la justificación.

De hecho, con una mentalidad fuera de la caja, crecemos y prosperamos con cada reto. La mentalidad fuera de la caja nos permite ver los retos como oportunidades de detectar los síntomas o banderas rojas que nos indican que “a lo mejor estoy poniendo el foco en mí: estoy dentro de la caja” y entrenar la capacidad de salir de la caja cuando las circunstancias nos invitan a meternos en ella. Si la vida fuera perfecta, no tendríamos la necesidad de salir de la caja, porque ya estaríamos fuera y no tendríamos nada de que preocuparnos. Pero la vida no es perfecta, y la mentalidad fuera de la caja nos permite sacar el máximo provecho a las imperfecciones.

La gran pregunta

Cuando estamos desarrollando una mentalidad fuera de la caja en la vida laboral y personal, la cuestión no es si vamos a experimentar o no injusticias en la vida. ¡Pues claro que sí!

La cuestión es: Ante retos, injusticias, y perjuicios ¿cómo voy a reaccionar? ¿Con una mentalidad dentro de la caja que va contra mí? ¿O aprovecharé la ocasión para practicar la mentalidad fuera de la caja?

¿Qué eliges?

 

¿Humanización de robots o robotización de personas?

¿Humanización de robots o robotización de personas?

El CEO de @Apple, Tim Cook, en su discurso de graduación en el MIT en 2017 dijo:

No me preocupa que la inteligencia artificial brinde a los robots la capacidad de pensar como seres humanos. Me preocupa más que la gente piense como un robot, sin valores ni compasión, sin preocuparse por las consecuencias

La evolución tecnológica es imparable y la inteligencia artificial, sin lugar a dudas, conseguirá robots cada vez más completos e inteligentes. Esto es inevitable.

De su discurso, me viene una reflexión: la gran oportunidad que tenemos de “humanizar” la tecnología desarrollándola con los valores que dan sentido a la vida.

Porque los robots no son personas. Ellos serán mecánicamente mucho más perfectos que nosotros, y tendrán una capacidad asombrosa, pero nunca tendrán alma. Esto nos proporciona una diferencia muy interesante. El alma es la esencia de las personas.

¿Y qué nos hace tan especiales a los seres humanos y tan diferentes de los robots?

Ser mortales y tener una vida emocionantemente finita y no programada como ellos.

Liderar la vida desde el corazón, desde la pasión, desde el respeto y desde el amor.

Tener emociones y canalizarlas en positivo. Tener capacidad de improvisación y sorprender. Tener intuición y ponerla al servicio de los demás. Tener grandes dosis de ilusión e imaginación que muevan a crear e innovar. O tener el anhelo de crecimiento personal y espiritual de mejorar como seres humanos y desear aprender a ver, respetar y considerar a los demás como personas.

Viviendo estos valores, no parece tan preocupante llegar a tener menos inteligencia que algunos robots o máquinas programables con inteligencia artificial.

El camino erróneo sería deshumanizarnos, convertirnos en una especie de mezcla entre ser humano y robot, y considerar a los demás como máquinas, robots, objetos o cosas. No hay nada más decepcionante que relacionarnos con personas que nos miran pero no nos ven, nos oyen pero no nos escuchan, o nos hablan de lo suyo pero no se interesan por lo nuestro. Ese es el temor del que habla Tim Cook, que los seres humanos nos convirtamos en robots, sin empatía, ni autenticidad, ni capacidad de conectar, enfocados solo en lo nuestro.

La manera de ver y considerar a los demás, es algo que nos diferencia como seres humanos de las máquinas o los robots. Solo el ser humano puede aprender a ver al otro como una persona, con sus necesidades y preocupaciones y sentir que importan tanto como las suyas. Y eso es una elección libre: podemos elegir ver personas o ver objetos. 

La oportunidad pues, en este contexto de avance tecnológico tan veloz, es ser más PERSONAS que nunca, humanizarnos al máximo nivel en lugar de deshumanizarnos, y aprender a poner el foco no tanto en uno mismo sino en los demás. Y para que esto sea posible de forma natural y sostenible en el tiempo, el primer paso imprescindible es adquirir la máxima autoconciencia, darnos cuenta de nuestro impacto en los demás y hacernos responsables del mismo, dejarnos de excusas y justificaciones cuando no tenemos en cuenta al otro, y hacer todo lo posible por ayudar y por colaborar, dando pequeños pasos cada día. Debemos reaprender a ver a los demás como personas y no hay atajos en este proceso: primero reaprendemos desde la cabeza—comprendiendo la trascendencia de ver más allá de nosotros mismos—luego lo bajamos al corazón—haciéndonos cargo y rectificando cada vez que ignoramos las necesidades de los demás—hasta que finalmente aprendemos a bajarlo a las piernas—transformando nuestra manera de ser y siendo nuestra mejor versión. El secreto de este proceso, es hacer gimnasia, practicar, practicar y practicar.

Cada vez más, el mundo necesita liderazgos con mayor inteligencia emocional y mayor integridad que tengan un gran respeto por los valores que dan sentido a la vida.

Vivir más tiempo ya es una realidad conseguida que irá a más. El reto ahora es vivir más tiempo de calidad. Hay una parte de esa calidad que depende de los avances tecnológicos, y hay otra que depende claramente de cada persona y de lo que quiera llevarse de su experiencia vital.

El gran poeta Horacio decía “Carpe Diem, quan minimum credula postero” que significa “aprovecha el día, no confíes en el mañana”. Si la tecnología nos ofrece esta “prórroga de tiempo”, quizás la podamos interpretar como una nueva oportunidad para crecer en autoconciencia.

Nunca es tarde para desconectar “el piloto automático”, levantar la cabeza, mirar alrededor y elegir poner el foco en las personas con las que interactuamos más que un uno mismo. Si lo hacemos y nos damos cuenta del impacto inmediato que este cambio tendrá en los demás y también en nosotros mismos, probablemente tendremos una mayor sensación de plenitud y de sentido de ese tiempo bien aprovechado, estaremos eligiendo no comportarnos como robots, y estaremos elevando nuestra calidad como seres humanos.

La mentalidad colaborativa o algo más que un coche mal aparcado

La mentalidad colaborativa o algo más que un coche mal aparcado

A veces ocurren situaciones incómodas como el caso de una grúa que se llevó un coche fúnebre con un ataúd dentro. Veamos cómo una mentalidad colaborativa, centrada en los demás puede ayudar a prevenir este tipo de situaciones.

A principios de este año, los vecinos de la urbanización en la que viven mis padres se reunieron y decidieron contratar una compañía de grúas con el fin de hacer cumplir la normativa local de aparcamiento. Los vecinos estaban teniendo problemas con los coches mal aparcados y decidieron tomar cartas en el asunto. Si bien este servicio era útil para los residentes de esta urbanización, un día resultó ser un desastre.

Una familia acababa de sufrir la pérdida de su abuelo. Después de los servicios funerarios, el coche fúnebre que llevaba el ataúd aparcó delante de la casa de esta familia mientras rellenaban los papeles para la morgue. Cuando salieron de la casa para dirigirse al entierro, el coche fúnebre y el ataúd ¡habían desaparecido!

¿Cómo pudo ocurrir? Al encontrar el coche fúnebre aparcado ilegalmente, una grúa se lo había llevado, ¡junto con el ataúd que había dentro! En su lugar había un letrero que decía: “Su coche estaba aparcado ilegalmente y ha sido retirado. Puede recoger su coche en la siguiente dirección”. Como consecuencia, una familia afligida tuvo que recuperar el ataúd, antes de poder continuar con un día bastante triste y difícil de por sí.

¿Cómo pueden suceder estas cosas?

Estoy seguro de que cuando contrataron a la compañía de grúas, a nadie en la urbanización se le habría ocurrido que un pariente recientemente fallecido terminaría en el depósito, y estoy seguro de que nadie querría que sucediera algo así.

Sin embargo, así fue. Pero ¿cómo?

En realidad, a menos que pregunte a los implicados, no puedo saberlo con certeza, pero puedo suponer que es porque en algunas situaciones las personas funcionamos con una mentalidad individualista, centrada en uno mismo y estamos ciegos al contexto más amplio.

Por ejemplo, si le preguntamos al conductor de la grúa por qué remolcó el coche fúnebre, podría defenderse diciendo: “¡Estaba haciendo mi trabajo!”. Y sí, de hecho, hizo su trabajo. Remolcó un coche que estaba mal aparcado en una urbanización que le había contratado para ese fin. Pero él no tuvo en cuenta el impacto de sus acciones.

¿Qué hay del chofer del coche fúnebre? Tal vez él justificaría su decisión de aparcar ilegalmente diciendo: “Consideré que era mejor estar cerca de la familia. ¡Pensaba en la familia que estaba en duelo!”.

Tal vez alguien de la familia pudo caer en la cuenta de que el coche fúnebre estaba mal aparcado. Si éste fuera el caso, ¿qué hubiera hecho alguien con una mentalidad centrada en uno mismo? “Tengo muchas cosas que atender como para estar pensando en si el coche fúnebre está bien o mal aparcado. Además, ésta es una situación excepcional. ¡Merecemos que nos dejen tranquilos! Las reglas no deberían aplicarse en esta situación”.

¿Y qué diríamos de un vecino que se da cuenta de que el coche fúnebre está mal aparcado? “No es asunto mío. Seguro de que ya saben que tienen que mover el coche fúnebre, o tal vez tienen un permiso especial para aparcarlo allí. No quiero interferir …”.

Estos ejemplos de justificaciones son meras especulaciones. Pero creo que nos ofrecen una visión bastante clara de lo que suele ocurrir. Este tipo de situaciones tienden a ser la consecuencia de varias decisiones que se toman con una mentalidad enfocada en el “yo”, en mí mismo, en mis intereses u objetivos. Podemos imaginar fácilmente a personas justificándose de este modo, ¿verdad? ¿Cuántas veces has visto situaciones similares? ¿Cuántas veces tú mismo te has justificado en situaciones parecidas? Si pudiéramos hacerlo todo de nuevo, ¿cómo sería enfocar estas situaciones con una mentalidad más colaborativa, más inclusiva?

Una mentalidad colaborativa puede evitar que se lleven a nuestros abuelos

Los residentes. Con una mentalidad más colaborativa, cuando los residentes abordan el problema de los coches aparcados ilegalmente, pueden plantearse las necesidades de todos los implicados. Es lógico que los residentes puedan sacar el coche de sus casas sin dificultad a cualquier hora. Pero también podrían preguntarse por qué aparcan ilegalmente las personas. Por ejemplo, ¿hay suficiente espacio para los visitantes? Si los residentes analizan la situación desde una perspectiva más amplia, pueden encontrar la manera de satisfacer sus propias necesidades y las de los visitantes que necesitan aparcar sus coches.

El conductor de la grúa. Si bien el conductor de la grúa tiene la obligación de retirar los coches mal aparcados, con una mentalidad más colaborativa consideraría la situación de aquellos que aparcaron mal el coche fúnebre. El uso de un coche fúnebre generalmente indica un funeral reciente o próximo. Reconociendo que quienquiera que haya aparcado el coche fúnebre podría estar viviendo una situación difícil, el conductor de la grúa podría haber optado por llamar a la puerta y pedir que alguien moviera el vehículo, en vez de llevárselo. Esto hubiera le hubiera permitido cumplir con sus obligaciones y al mismo tiempo ser sensible al duelo de la familia.

Un vecino. Con una mentalidad más colaborativa, un vecino podría darse cuenta que esta familia en particular está atravesando un momento difícil. Con el deseo de ser útil, puede advertir a la familia sobre la grúa que se aproxima, o directamente acercarse al conductor de la grúa. Esto evitaría que la familia tuviera que lidiar con una carga innecesaria en un día bastante triste, y evitarle al conductor de la grúa una posible crítica por no hacer bien su trabajo.

Una mentalidad colaborativa resuelve situaciones incómodas

Cuando reflexionamos sobre este tipo de situaciones, vemos cómo una mentalidad colaborativa puede ayudar a prevenir que ocurran. De hecho, nos damos cuenta de que muchas situaciones incómodas se pueden evitar si adoptamos una mentalidad colaborativa. Cuando vemos a las personas como personas, también vemos los retos que enfrentan. Solo así podemos ayudarles a superarlos.

“La Caja” vista por un adolescente de 19 años

“La Caja” vista por un adolescente de 19 años

Después de que mi padre (Jaume Abad) me insistiera en su lectura desde hacía 4 años, decidí leer el libro Leadership & Self-Deception, título original del libro que el Instituto Arbinger publicó en España como La Caja. Este libro habla del autoengaño como una metáfora.

Aunque es un libro y una historia enfocada originalmente hacia el público adulto, leído con una actitud humilde y abierta puede ser una herramienta muy útil para los que somos adolescentes y nos reconocemos cada día y con muchas personas, en situaciones similares a algunas explicadas en el libro.

El concepto de “estar en la caja” no es un descubrimiento rompedor, pero sí que pone en palabras y hace más palpable un concepto que sabemos que nos pasa a todos y que, extrañamente, nos cuesta y nos resulta casi imposible de corregir inmediatamente.

Me refiero al concepto del autoengaño

A los humanos y, especialmente a los adolescentes, no nos gusta sentirnos como personas irrelevantes o invisibles. Sin embargo, así es precisamente como tratamos a los demás cuando nos autoengañamos. Cuando traicionamos el impulso de hacer algo positivo hacia otra persona, y lo cambiamos por una alternativa más fácil y egoísta, nos autoengañamos para justificar nuestra actitud y seguir pareciendo personas de lo más honradas y espabiladas, entrando de esta manera “en la caja”. Una vez ahí, el proceso que sigue es destructivo, ya que provocas que los que te rodean entren también en su propia “caja”, empezando un bucle que no acaba nunca.

El conocimiento de este concepto, su funcionamiento y su solución son herramientas muy útiles si las consigues integrar en tu día a día habitual. Sólo el hecho de conocer el concepto te hace cuestionar cualquier acción tomada, y que valores si es una acción realizada desde fuera o desde dentro de “la caja”.

Y es que la vida es muy fácil “fuera de la caja”. Según mi punto de vista, cuando soy consciente de estar fuera, vivo mucho más tranquilo, además de ser mucho más amable, sociable y abierto a aprender cosas nuevas.

El foco pasa de estar contigo a estar con los demás. En la realización más pura de esta idea se encuentra el secreto de una felicidad genuina.

Con estos conocimientos simples eres capaz de corregir tus comportamientos QUERIENDO corregirlos, avanzar como persona y, en cierto modo, provoca una reducción del ego.

Sería fantástico imaginarme a mí mismo y a mi mundo de amistades más abiertos a cambiar, con un ego mucho más reducido y con una mentalidad abierta. Pero para ello, debemos intentar traspasar “la caja” de doble capa de acero en la que nos encontramos la mayoría y, para que funcione, primero debemos darnos cuenta, ganar conciencia. Ésta nos capacitará a hacer las cosas de una manera diferente y auténtica.

Estas son mis reflexiones, las de un adolescente de 19 años, hambriento de “vida”.

La gratitud: el antídoto del ego

La gratitud: el antídoto del ego

Ser agradecidos nos permite poner la atención más allá de nosotros mismos.

Un año de agradecimiento.

Hace algunas décadas, John Kralik había tocado fondo. Su bufete de abogados estaba perdiendo dinero, pasaba por un segundo divorcio y tuvo que separarse de sus hijos. Tenía 20 kg de sobrepeso y vivía en un apartamento destartalado y, por si fuera poco, su novia acababa de dejarle.

El día de Año Nuevo, cuando John hacía una excursión por las montañas, se le ocurrió que debería estar agradecido por lo que tenía en lugar de lamentarse por lo que había perdido, así que se comprometió a escribir 365 notas de agradecimiento en el año que empezaba, una por día.

Día tras día, nota tras nota, John escribía palabras de agradecimiento para sus socios, empleados de las tiendas, vecinos, sus seres queridos, los amigos de la universidad, también para sus enemigos y casi a cualquiera que había hecho algo bueno por él.

Poco a poco, la vida de John empezó a cambiar. Cada nota representaba ese ladrillo sobre el que empezó a edificar una nueva forma de ver el mundo, una forma que le permitía ser diferente y obtener resultados diferentes. Desde una mayor estabilidad financiera, la pérdida de peso y nuevas amistades, John transformó completamente su vida mediante actos de gratitud.

Para la mayoría de nosotros, la historia de John nos provoca aprecio y quizás sorpresa. Si alguna vez has mostrado gratitud a alguien o por algo, y la mayoría de nosotros lo hemos hecho, hemos podido comprobar que mejora tanto nuestra actitud como la perspectiva.

Sin embargo, no siempre agradecemos lo suficiente. El autor Aldous Huxley observó una vez: “La mayoría de los seres humanos tienen una capacidad casi infinita para dar las cosas por sentado”.

¿A qué se debe?

Una posible explicación a las palabras de Huxley, es el hecho de que a menudo nos atribuimos el mérito cuando las cosas van bien, pero culpamos a los demás cuando las cosas salen mal—lo que demuestra que estamos ciegos al mérito que tienen los demás cuando las cosas salen bien.

Detrás de la ingratitud está el ego. La ingratitud nos invita a poner el foco en nosotros mismos, en nuestras necesidades y deseos. Nos lleva a creer que tenemos ciertos derechos o que nos corresponde algo y nos sentimos resentidos cuando el mundo no cumple con nuestras expectativas. Esto nos ciega a lo que otros hicieron para ayudarnos a alcanzar nuestros éxitos.

De acuerdo con la literatura más reciente sobre liderazgo, podríamos decir que los antídotos más comunes al ego son la capacidad de autoconciencia y la humildad. Si bien estos atributos efectivamente nos ayudan a aliviar la ceguera de nuestro ego, el atributo que subyace a ambos es la gratitud.

La gratitud nos libera de nuestra propia “estrechez de miras”

Al destacar los beneficios de la gratitud, G.K. Chesterton escribió: “Podría sostener que dar las gracias es la forma más elevada de pensamiento, y que la gratitud es la felicidad multiplicada por la capacidad de asombrarse”.

En su cita, Chesterton dirige nuestra atención a la capacidad que tiene la gratitud de ver lo que hay más allá de nosotros mismos, de sacarnos suavemente de nuestro ensimismamiento, de nuestro ego y de abrir nuestros ojos a todo lo que nos ofrecen los demás.

Según reflexiona Neel Burton, M.D.,

Al mirar hacia afuera, la gratitud nos ayuda a cambiar la atención, pasando de mirar lo que nos falta o aquello por lo que luchamos, a lo que ya tenemos, abriendo así nuestros ojos a la recompensa que es la vida, algo que podemos admirar, que nos deleita y que podemos celebrar, en vez de olvidar, ignorar o dar por sentado cuando pasa por nuestro lado. Esta perspectiva mucho más amplia nos libera para vivir la vida, no desde nuestra “estrechez”, sino desde el esplendor de la vida misma.

Como la gratitud “nos libera de vivir la vida desde nuestra estrechez”, en realidad nos invita a vivir para los demás—transformando nuestra vida dominada por el ego hacia una vida abundante que pone la atención afuera, la misma vida que John Kralik construyó día a día. Y nos atreveríamos a añadir que la gratitud puede conseguir transformaciones aún mayores.

Un nuevo año repleto de gratitud

Igual que hizo Kralik, con este post nos gustaría invitaros a considerar un año de gratitud para este 2019. Agradezcamos cualquier cosa, desde el “puedo respirar” a la escucha sincera y auténtica de un amigo cuando le contamos nuestras tribulaciones, y también el esfuerzo y compromiso de las personas de mi equipo que lo dan todo para conseguir los resultados.

La gratitud es el antídoto del ego, el remedio de nuestra “estrechez de miras” y la gran oportunidad de abrazar la amistad, la salud y la abundancia de la vida.