Las emociones son contagiosas. Trabajan mediante un tipo de neuronas, llamadas neuronas espejo, las cuáles captan señales y activan una señal en nuestro cerebro. Se contagian en un milisegundo.

Los seres humanos estamos conectados físicamente los unos a los otros para sentir las emociones de los demás.

¿Qué separa al gran líder que es capaz de crear relaciones inspiradoras, de seguir haciéndolo y no hacer lo contrario? El estrés crónico

¿Y qué es el estrés crónico?

El estrés crónico es un tipo de estrés que es constante, bloqueante. Se calcula que cada día podemos llegar a sufrir hasta 8 y 10 episodios de estrés. Cada día tenemos un montón de situaciones que nos invitan a “caer en ello”, mucha presión por los resultados, exceso de reuniones, algunas relaciones incómodas dentro y fuera de la empresa, etc…

Si lo pensamos bien, ¿cómo empezamos muchas de nuestras jornadas laborales? Con los temas pendientes y/o los problemas atrasados y los que van surgiendo de forma imprevista. Cuando esto ocurre, aumenta la respiración, ésta se vuelve más entrecortada, nos sentimos preparados para la lucha y la pelea, el cerebro se cierra a la posibilidad y se prepara para estar en modo supervivencia. Nuestra visión y/o opciones de ver cosas se reduce hasta un 30% y nos cerramos a la apertura de nuestras propias emociones. Necesitamos un respiro y parar para recuperarnos. Darnos permiso para ello.

¿Cuándo producimos estos episodios de estrés crónico?

1.- Cuando la actividad es importante para nosotros.
2.- Cuando el resultado de aquello que hacemos es incierto.
3.- Cuando sentimos y sabemos que aquello que hacemos está siendo evaluado.

En los tres casos, el común denominador probablemente es el exagerado foco en uno mismo, y el casi nulo foco en el impacto que todo ello tiene en los demás. Estamos tan pendientes de nosotros mismos y de cómo todo nos impactará en nuestros objetivos, que nos olvidamos realmente de impactar de forma útil en los demás. ¿Nos ayuda vivir estos episodios de esta manera? ¿Podría ser que estuviéramos funcionando inconscientemente con una mentalidad “dentro de la caja” (con el foco en mí mismo)? ¿Las emociones que sentimos podrían ser un síntoma de este enfoque y de que algo no funciona?

Ante este panorama, nuestro cuerpo y nuestra mente necesitan renovarse.

¿Cómo? Con gimnasia, es decir, dándonos cuenta primero (auto-conciencia) de que estamos “dentro de la caja” (solo vemos lo nuestro) y haciendo cosas que nos ayuden a ver más allá de nosotros mismos. Por ejemplo:

  • Cuando nos mostramos compasivos, dejamos de mirarnos obsesivamente y ponemos el foco en los demás, con un interés real por sus asuntos y nos abrimos a ayudar.
  • Cuando mostramos gratitud, buscamos en la esencia y valores que definen quiénes somos de verdad, y nos apetece dar, regalar emociones, conectar y dar las gracias de forma sincera.

Cuando hacemos esto, nuestro pulso baja, nuestra respiración se calma, nuestro cuerpo y mente se relajan y empezamos a sentir alegría y paz.

Así pues, el dilema es claro, cuando entramos en un estado de estrés crónico, dejamos de ser inspiradores y dejamos de ser el líder que deseamos ser. Es cuando, en lenguaje “Arbinger”, decimos que entramos en “la caja”. La “bandera roja” que nos advierte que hemos entrado en “la caja” es cuando ponemos el foco 100% en nosotros mismos y en nuestras preocupaciones y problemas, lo que no nos deja ver más allá de nosotros mismos.

Así pues, el gran reto para el líder consiste en incrementar la dosis de renovación, ya que podemos minimizar el estrés, y debemos construir los máximos antídotos posibles.

Por ejemplo, algunas ideas sencillas para renovarse son:

  • 10 respiraciones profundas
  • Meditar cada día
  • Yoga, Tai chi, etc…
  • Rezar desde la compasión
  • Tener un perro
  • Ilusionarse con un futuro esperanzador
  • Ejercicio físico diario y moderado
  • Llamar a alguien que te contagia energía positiva o que te vé todas las gracias
  • Ir a pasear contemplativamente o escuchando la música que te emociona

¿Cuándo nos deberíamos renovar? Cada día si es posible. ¿Con qué frecuencia? Toda la que puedas.