El inicio de las vacaciones nos trae a la mente imágenes que nos llenan de energía. Y aunque deseamos disfrutar al máximo de ese merecido descanso, la realidad es que las relaciones familiares y la planificación de las tareas domésticas, a menudo provocan discusiones y estrés.

Quizás te sientas como la familia Harris que se menciona en el bestseller del Instituto Arbinger: “Mentalidad Fuera de la Caja”. Su experiencia nos sirve de inspiración para explicar cómo al cambiar la mentalidad, cambia nuestro comportamiento y nuestro impacto en los demás. Quizás estas vacaciones podemos hacer las cosas de otra manera. 

Durante años, John y Sylvia Harris tuvieron problemas para que sus hijos hicieran las tareas del hogar. Cada semana pasaba lo mismo. Los niños no hacían sus tareas y los padres, o bien las hacían ellos mismos de mal humor, o bien debían resignarse a vivir en una casa desordenada. Su actitud alternaba entre enfadarse con sus hijos o mantenerse en un mutismo amargo. Pero, hicieran lo que hiciese, el efecto siempre era el mismo: ninguno.

Luego, un día, se dieron cuenta de que su forma de afrontar las tareas de la casa se basaba en la distinción pensadores/ejecutores. Por descontado, cuando los niños son pequeños, los padres deben planificar y pensarlo, casi todo. Pero John y Sylvia se percataron de que no se habían adaptado a la evolución de sus hijos. Seguían decidiendo qué se tenía que hacer y les asignaban las tareas que les correspondían en este gran plan familiar. Los padres eran los pensadores y los hijos, los ejecutores.

Al percatarse de esta situación, John y Sylvia cambiaron la estrategia. ¿Y si incorporamos a los niños en el programa de planificación?, se preguntaron. Sylvia tenía miedo de que los niños no dieran importancia a algunas tareas que ella consideraba esenciales. Pero, esperando que todo saliera bien, ella y John se sentaron con los niños para discutir cómo debían gestionarse las responsabilidades familiares: cuáles eran estas responsabilidades, quién debía encargarse de ellas, cuándo debían hacerse, etc.

A medida que debatían estos aspectos, los niños empezaron a abrir el ámbito de la discusión. “Y, ¿qué ocurre con la diversión familiar? – preguntó uno de ellos. Sólo nos decís “haz esto” y “haz lo otro”. ¿No podemos hablar también de las cosas que podemos hacer como familia?”.

Así que toda la familia discutió, toda la familia planificó, toda la familia estuvo en desacuerdo y toda la familia se comprometió. Fueron conscientes de las necesidades de los demás – de papá, de mamá, de los dos niños-, lo cual les permitió pensar con más claridad en el tipo de actividades que podían y debían hacerse. Planificaron sus tareas y planificaron la diversión. Incluso planificaron las consecuencias de no hacer lo que habían acordado juntos. Y parte de la planificación, como propusieron los niños, era que no todo tenía que planificarse. Gracias a este proceso, los “ejecutores” se convirtieron en “planificadores”, y los “planificadores” se unieron a los “ejecutores”. Este cambio significó una mejora en el cumplimiento de las obligaciones domésticas y en las relaciones entre los miembros de la familia.

El cambio fundamental que incorporaron al proceso de planificación conllevó unas mejoras significativas en la realización de las tareas domésticas y en las relaciones familiares. Esto no resolvió todos los problemas – tampoco en lo que respecta a las tareas domésticas-, pero estableció una base totalmente diferente desde la que gestionar los fracasos y los éxitos. La nueva estrategia de los Harris convirtió la planificación familiar en un procedimiento que inspiró, reforzó y respaldó una nueva forma de relacionarse.

Esta experiencia nos muestra que los mismos principios que aplica Arbinger en las organizaciones sirven por igual en el seno de la familia. Cuando somos conscientes de las necesidades, los objetivos y los retos de cada miembro de la familia y nos interesamos por ellos, cambia nuestra percepción y nuestro comportamiento hacia ellos: ¡los tenemos en cuenta!

Durante estas vacaciones, aprovecha para conocer mejor a los miembros de tu familia. Dedica tiempo a escuchar con atención lo que te expliquen y demuéstrales que te interesan de verdad sus sentimientos, sus necesidades, sus retos… Ten mucha paciencia. La necesitarás, pues cambiar algunos hábitos requiere tiempo y esfuerzo, pero si consigues mejorar la forma de relacionaros, no sólo conseguiréis disfrutar más de las vacaciones, sino que estaréis mejor preparados para afrontar los desafíos que se os presenten.