Autor: Jim Ferrell, Fundador y Director del Instituto Arbinger

Recientemente asistí a una conferencia de Penn Gillette (del famoso dúo estadounidense Penn and Teller). Penn dijo: “Todo narrador de historias es un mentiroso.” “¿Por qué?”, continuó, “porque en cuanto decides contar una historia, decides no contar otras, por lo tanto, estás mintiendo”.Las palabras de Penn me recordaron las que el brillante autor Fyodor Dostoyevsky puso en boca de uno de sus protagonistas: “He estado mintiendo toda mi vida, incluso cuando estaba diciendo la verdad, porque no estoy diciendo la verdad por sí misma sino por mí.”

El problema con las noticias hoy en día es que es difícil encontrar a alguien que simplemente cuente las noticias “tal cual” y que sea honesto y directo respecto a las posibles orientaciones que puedan tener y que determinen qué “hechos” comparten y cuáles no. Esto significa que el problema no es solo que algunas noticias sean falsas. El problema con el que nos enfrentamos hoy es que prácticamente todas las noticias son falsas. No quiero decir que los medios de comunicación ya no nos cuenten la verdad, lo que digo es que lo que motiva las verdades que se comparten (y las que no se comparten) no son los hechos en sí mismos, lo que hace que las noticias que consumimos estén tergiversadas y sean sospechosas.

Hace unos años, cuando era un joven abogado, redacté un documento legal particularmente eficaz. Tan eficaz, de hecho, que me sirvió para convencer al juez de pasar por alto hechos que hubieran implicado a mi cliente. Recuerdo que me dio por reír con cierta autosuficiencia mientras el abogado defensor de la otra parte intentaba en vano que el juez considerara sus alegaciones. El juez se dejó influir tanto por mi manera de mostrar los hechos que cerró su mente a puntos de vista contrarios a los míos. Finalmente rechazó la demanda de mi oponente. Mi cliente y yo ganamos el caso—de forma rápida y decisiva.

Aunque ganamos el caso, también es cierto que forcé una salida rápida. “Ah, pero mi trabajo es defender a mi cliente y el del juez valorar los hechos.” Me dije a mí mismo. “yo he hecho mi trabajo; no es mi culpa que el juez haya metido la pata.” “Además, todo lo que dije era verdad,” y seguía debatiendo conmigo mismo (admisión que dejaba claro que algo fallaba). “He conseguido evitar que el juez considerara hechos que podrían habernos inculpado. Para esto me han contratado.

En términos de lograr una victoria o el poder, podríamos decir que ese día hice bien mi trabajo. Pero desde la perspectiva de lo que más necesita el mundo hoy, simplemente estaba siendo parte de lo que constituye un problema colectivo. Podría haber hecho mi trabajo sin tener que deshonrar a las personas que estaban al otro lado. También podría haber respetado al juez mostrando los hechos clara y abiertamente y argumentar a favor de mi cliente. Eso también habría sido hacer mi trabajo—no solamente con eficacia, sino también honrada y honestamente. En la medida en que contemos nuestras historias del modo en que yo redacté el documento legal, estaremos mintiendo a pesar de estar diciendo la verdad y por tanto lo que digamos seguirá siendo falso.

Voy a seguir consumiendo noticias, opiniones y reflexiones de esas personas que no lo hacen persiguiendo un interés propio—personas que son abiertas, curiosas, y que no se alegran de los fallos de aquellos con los que no están de acuerdo. También quiero vivir y trabajar con este tipo de personas. Es más, aspiro a ser este tipo de persona.

De modo que espero vivir en arreglo a tres principios cuando cuente mis propias historias y escuche las de los demás:

  • Escuchar con más generosidad.
  • Considerar con más curiosidad los puntos de vista diferentes a los míos.
  • Honrar la humanidad de esos que me desaprueban o desaprueban mis puntos de vista.

A corto plazo, parece que lo único que importa en nuestros debates personales o políticos es quién gana y quién pierde. Pero a largo plazo, el futuro de la humanidad dependerá de si gana la verdad. Y la verdad sólo puede ganar si todos nosotros en política—tanto los que cuentan historias como los que las escuchan—estamos dispuestos a admitir que lo que contamos puede estar sesgado, tergiversado y equivocado.

Especialmente cuando creemos tener la razón.