Cambiar la mentalidad por sí solo no es suficiente para mejorar los resultados significativamente. Tenemos que hacer las cosas de otro modo de forma sostenible.

En Arbinger, hablamos mucho sobre el cambio de mentalidad y decimos que al pasar de una mentalidad dentro de la caja, con el foco en uno mismo, a una mentalidad fuera de la caja, con el foco en los demás y centrándonos en el resultado colectivo, tanto las personas como las organizaciones pueden hacer grandes avances. Al cambiar de mentalidad, empiezan a surgir nuevas posibilidades y soluciones a antiguos problemas ya que empezamos a verlos a través de unas “lentes” nuevas.

Pero, si queremos conseguir resultados diferentes, significativos y sostenibles, no es suficiente con cambiar la mentalidad. Si bien cambiar la mentalidad ya es mucho, por supuesto y es necesario hacerlo, por sí solo no es suficiente. Para obtener resultados innovadores y duraderos, debemos hacer las cosas de manera diferente de forma sostenible.

Las dos palabras clave de esta última frase son “hacer” y “sostenible”. Veamos esas palabras con más detalle.

Hacer

La mentalidad determina el comportamiento y éste determina los resultados. Si queremos obtener resultados diferentes, primero debemos cambiar nuestra mentalidad y luego tenemos que cambiar nuestros comportamientos.

Afortunadamente, cuando cambiamos nuestra forma de pensar, de manera natural, empezamos a comportarnos de otro modo. Con una mentalidad fuera de la caja (centrada en los objetivos de todos, no sólo los míos), hacer las cosas de manera diferente se vuelve más fácil. Esto es así porque es más natural ayudar a los demás cuando estamos en sintonía con sus necesidades, retos y objetivos.

Aun así, tenemos que cambiar la forma de actuar. A veces lo que tenemos que hacer es obvio para nosotros; pero otras veces, no es tan fácil saber cuál es la mejor manera de actuar. Por ello, ofrecemos a continuación algunas pistas para identificar qué podríamos cambiar en nuestro comportamiento. Puedes empezar pensando en las personas con las que interactuas con más frecuencia y hacerte las siguientes preguntas:

  • ¿Qué están intentando lograr estas personas?
  • ¿Cuáles son los dolores de cabeza y los desafíos a los que se tienen que enfrentar?
  • ¿Qué puedes dejar de hacer para serles más útil?
  • ¿Qué puedes empezar a hacer para serles más útil?
  • ¿Qué puedes ajustar o cambiar para serles más útil?

Selecciona uno o dos cambios que consideres que le pueden ser más útiles a cada una de ellas. Luego ve a hablar con la persona en cuestión, explícale tus ideas y pregúntale si desea que hagas estos cambios. (Si te dice que no, revisa las cinco preguntas de nuevo y piensa en otras ideas. ¡Y luego pregúntale de nuevo!).

Sostenible

Las personas y las organizaciones se enfrentan a diferentes retos a la hora de sostener el cambio de mentalidad. Vamos a verlos a continuación.

Personas

Como individuos, uno de los principales factores para mantener el cambio de mentalidad es nuestra capacidad de ser tolerantes con nosotros mismos cuando fallamos cada vez que nos proponemos cambiar. Recordemos que es inevitable que volvamos a nuestra antigua forma de pensar y actuar, particularmente en situaciones de estrés.

Cuando cometemos un error, debemos evitar pensar: “Soy un caso perdido”. “Yo soy así y no tengo remedio”. “Es mejor que ni lo intente”.

En vez de ello, podemos pensar que nuestro fallo forma parte de un proceso de aprendizaje. Podemos identificar lo siguiente:

Justo antes de volver a mis viejos hábitos ¿qué estaba pensando y cómo me estaba sintiendo? Comprender nuestro estado físico y emocional en estas situaciones puede ayudarnos a tomar conciencia de las “señales” que nos advierten de que no vamos por el buen camino. Si tomamos conciencia de estas señales, podremos gestionarnos mejor en el futuro ante las mismas circunstancias.

También nos podemos preguntar, ¿qué me impulsó a desear cambiar la mentalidad la primera vez? ¿Qué me inspiró o me llevó a querer cambiar? Esto nos ayuda porque recordar la intención original—pensar en las razones que nos hacen creer que cambiar la mentalidad es lo mejor—puede ayudarnos a poner nuestro error en perspectiva.

Teniendo estos pensamientos en mente y sabiendo que esta no va a ser la última vez que fallemos, podemos volver a comprometernos con nuestra nueva mentalidad y comportamiento. Podemos avanzar en nuestro viaje. Recordemos que cambiar la mentalidad es una práctica, no un destino.

Organizaciones

Supongamos que una organización está implementando un plan de transformación cultural. Los miembros de toda la organización, especialmente los líderes clave, están empezando a pensar y comportarse de manera diferente. Las personas se comprometen a trabajar mejor juntas; están entusiasmadas con los resultados que ahora creen posibles.

Pero ¿cómo sostiene una organización este cambio?

Hay dos elementos críticos que debemos tener presentes:

Modelo a seguir

Los líderes de una organización son modelos a seguir. La gente se fija en ellos y les copia. Han tenido éxito en la organización, luego lo que hacen debe ser lo correcto para tener éxito.

Es por eso que es tan importante para los líderes, especialmente los líderes senior y aquellos a cargo del plan de transformación, comportarse como si fueran un modelo a seguir. Si el objetivo es crear una cultura de mentalidad fuera de la caja (donde pongo el foco en los objetivos de la organización, los de mis “clientes” y también los propios objetivos), los líderes deben dar el ejemplo. Deben ser los primeros en comenzar a ver a los demás como personas (no como vehículos, obstáculos o como si fueran irrelevantes), deben ajustar su propio comportamiento para serles más útiles y responsabilizarse de seguir siendo realmente útiles siempre. Con el tiempo, a medida que las personas van observando este cambio en sus líderes, empezarán a sentirse más cómodas adoptando también esta nueva mentalidad  y comportamientos fuera de la caja.

Cambio de sistemas y procesos

Las organizaciones a menudo establecen políticas, procesos o sistemas que, sin darse cuenta, invitan precisamente a una mentalidad dentro de la caja (donde cada uno se centra únicamente en sus propios objetivos) y a comportarse de un modo no deseado. Un ejemplo claro sería el caso de las evaluaciones del desempeño y los sistemas de compensación. Muchas organizaciones desean que las personas trabajen bien en equipo y que haya más colaboración entre los miembros del equipo. Pero las revisiones anuales, promociones y bonificaciones se deciden a nivel individual en lugar de a nivel de equipo. Esta estructura de evaluación invita a las personas a competir contra sus compañeros de equipo, que es precisamente lo que la organización está intentando evitar.

Para mantener el cambio entonces, las organizaciones deben revisar sus sistemas y políticas haciéndose esta pregunta: ¿esta política o proceso apoya/facilita el cambio de mentalidad?

Considera también cómo algunos sistemas también fomentan y premian ciertos comportamientos.

Si los sistemas establecidos crean comportamientos dentro de la caja (orientados al “yo” y no al “nosotros”), entonces habrá que preguntarse: ¿cómo podemos cambiar este sistema (o estos sistemas) para invitar a la gente a tener tanto una mentalidad como unos comportamientos fuera de la caja?

En las organizaciones en las que el cambio de mentalidad y los cambios de sistemas ocurren simultáneamente, la productividad y los resultados mejoran drásticamente. Cuando únicamente cambiamos los sistemas, a menudo se genera más burocracia, y cuando se cambia únicamente la mentalidad, se transforman las personas, pero rara vez las organizaciones en su totalidad.

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