Por Judith Aparicio, Arbinger España

¿Adivina qué me pasa cuando me desmeleno pensando en todo lo que he aprendido durante 25 años en el mundo de la empresa siempre en mi pequeña caja de Experta en el área de Personas? Será porque he pisado todos los escalones del área, desde aprendiz a persona con cierta responsabilidad estratégica. Será porque la experiencia profesional fue en empresas multinacionales…

La cuestión es que, en los últimos siete años, proyectos pequeños o grandes han sido la tónica de mi actividad profesional en la empresa, pero esta vez desde el otro lado, como socio “externo” a la organización a la que acompaño.

Hoy quiero explicaros lo mal que lo paso cada vez que me creo mejor que alguien, en concreto en temas de gestión de personas. Cuando me creo mejor que alguien, vamos a decir que a esto le llamamos estar en la caja “mejor que”. Pues bien, en la caja “mejor que”, me siento superior, impaciente y creída.

Mis clientes, la mayoría de los cuáles son grandes líderes y profesionales, cuando detectan esa “energía de superioridad” que desprendo casi instantánea e inconscientemente ante la palabra Talento, Desarrollo Organizacional o Cultura…, se quedan mirándome con cara de pez.

Imaginaos cómo se sienten … uff… “yo no sé tanto…, cómo lo hago para entenderla, lo que dice debe tener sentido, pero …, cómo sería que me lo dijera utilizando mis palabras, las que a mí me resuenan: cuenta de resultados, productividad, ventas…”.

O, por el contrario, en algunas ocasiones, sencillamente buscan un “socio” algo más llevadero porque sienten que no han sido escuchados con amor, con cariño o con respeto.

Cuando me meto en la caja “mejor que”, en realidad no me hago ningún bien a mí misma y mucho menos a mis clientes. Al poner mi experiencia, mi talento, mi opinión, creada firmemente y reforzada a lo largo de los años, por encima de los demás (como si ellos no contaran), el ambiente se impregna de una incómoda energía de prepotencia. Pero en realidad, sé que mi manera de sentir y de vivir el momento viene determinada por esa necesidad de ocultar mi propia inseguridad, lo que me impide mostrarme vulnerable e interesarme genuinamente por las vidas, los negocios o la gestión del capital humano de mis clientes. En realidad, estoy mostrando una versión pequeña de mí misma, insegura, movida por la necesidad de proteger lo que sé, de ser una experta en el tema.

Cuando cuento este ejemplo de mi caja “mejor que” en los talleres que facilitamos, algunos de los participantes se sienten representados y nos cuentan sus propios ejemplos.

Aquí algunos ejemplos de cajas “mejor que”:

  • el científico que sabe exactamente por qué su producto tomará ese color verde a los seis meses y que necesita explicarlo con vehemencia para convencer.
  • la jefa de administración que sabe perfectamente que el sistema no permite la flexibilidad que el de Ventas necesitaría para hacer posible un encargo, y no puede permitirse escuchar, entender e imaginar otras soluciones posibles.
  • o el informático que conoce al dedillo cómo va esa nueva aplicación y que lidia con el cliente interno que se hace un lío y está a punto de abandonar el tren de la tecnología, y siente que lo quiere ayudar, pero a la vez preferiría estar de vacaciones en vez de armarse de paciencia.

¿Y sabéis qué pasa? Que, ensimismados y cegados por la necesidad de tener razón, no podemos ver en profundidad la humanidad de las personas con las que nos relacionamos. Nos olvidamos incluso de preguntar qué dificultades tienen. Todo ello, por esa necesidad de tener la razón, que nos hemos creído a base de años, reforzada por amigos y colegas y su feedback – porque tú lo vales, nos dicen. Incluso estamos dispuestos a sacrificar los resultados de la organización o una relación profesional o personal, con tal de demostrar que tenemos razón.

En fin, con los años he ido encontrando mi antídoto y estoy aprendiendo a mirar sin juicio a la persona que tengo delante, a admirar su sabiduría y a dejarme llevar por su baile, poniéndome a su servicio. Bueno, estoy en ello.

Cada vez que te metas en tu caja “mejor que”, recuerda que hay una manera de salir.