Por Senthiyl S S G, Managing Director, Arbinger Singapore/Malaysia

¿Alguna vez te ha resultado difícil escuchar a otros sin imponer tu propia agenda?

Parece que a la mayoría de nosotros nos cuesta escuchar al otro sin tratar de cambiar su opinión para que se alinee con la nuestra.

Pero, ¿hasta qué punto este tipo de escucha ayuda a ver a las personas como personas? Si nuestra propia agenda está guiando la discusión a costa de comprender verdaderamente las necesidades, metas, cargas y desafíos de la otra persona, ¿podemos ser verdaderamente útiles?

En una sesión que facilité dividimos al grupo en triadas y les pedimos que se “entrevistaran” mutuamente durante 15 minutos y profundizaran en sus necesidades, objetivos, cargas y preocupaciones. A los cinco minutos de la actividad, algún grupo me preguntó si podían pasar a la siguiente persona pues “ya habían terminado de entender” a la primera.

Invité a este grupo a considerar hasta qué punto podrían haber entendido a las otras personas, dado que sólo invirtieron cinco minutos en el ejercicio. Además, les pregunté cuánto tiempo realmente invertían en entender las necesidades de sus clientes y de terceros en general. Les invité a considerar si los problemas y desafíos que estaban teniendo con algunos de sus interlocutores podrían estar enraizados en no invertir suficiente tiempo entendiendo sus necesidades, metas, cargas y desafíos.

Cuando ya estábamos acabando el ejercicio, finalmente pregunté a los grupos si su forma de escuchar podría ser una indicación clara de cómo trataban a los demás en realidad, como personas o como objetos.

Hay una simple pregunta que nos puede ayudar a valorar lo que en realidad nos motiva en situaciones que requieren que entendamos a los demás: “¿Estoy escuchando para enseñar y aconsejar o estoy escuchando para aprender?”.

Si bien está claro cómo podemos escuchar para enseñar o aconsejar, ¿qué significa escuchar para aprender?

Arbinger sugiere tres áreas para concentrarse en la escucha:

  1. Escuchar para saber más de la persona
  2. Escuchar para aprender de esa persona
  3. Escuchar para darme cuenta de que, tal vez, estaba equivocado con mi punto de vista

Escuchar teniendo en mente estas tres áreas, crea una conexión profunda entre el que escucha y el que es escuchado. Oímos cosas que antes no habíamos oído; comenzamos a entender de verdad a la otra persona y empezamos a darnos cuenta del modo en que la otra persona siente que tanto ella como sus opiniones cuentan.

Lamentablemente, escuchar a menudo se considera una carga que nos imponemos en beneficio de los demás. Sin embargo, he llegado a comprender que escuchar es, ante todo, un regalo que nos hacemos a nosotros mismos: vivir y trabajar libres de prejuicios, sesgos y suposiciones falsas. Es el primer paso para fortalecer el trabajo en equipo, una estrategia eficaz para optimizar el tiempo y una forma de aumentar la productividad exponencialmente.