A menudo concebimos la creatividad y la innovación como un esfuerzo que se hace en solitario: en algún lugar, un genio solo en su habitación, crea una obra maestra. Pero las mejores innovaciones no van de su creador Las verdaderas innovaciones están principalmente al servicio de los demás.

Por Mitch Warner, Director Ejecutivo y Autor del Instituto Arbinger | Diciembre 23, 2019

Este post se publicó por primera vez en Businessing Magazine.

A menudo concebimos la creatividad y la innovación como un esfuerzo que se hace en solitario: en algún lugar un genio  en su habitación crea una obra maestra. Con demasiada frecuencia, creemos que la innovación procede del cerebro de un único (súper)ser, y que la capacidad de innovar es, por lo tanto, una capacidad inherente a alguien especial, a la que el resto de seres humanos no podemos aspirar.

Es cierto que a veces la innovación procede de una persona, pero con mucha más frecuencia ésta es el resultado de una estrecha colaboración entre más personas. Proviene de un equipo de personas que trabajan bien juntas, que crean algo en base a las ideas que todos aportan,  algo mucho más grande de lo que cualquiera de ellos podría haber creado en solitario.

¿Qué hace posible esta clase de innovación colaborativa?

Las mejores innovaciones no van de su creador. Todo lo contrario, las verdaderas innovaciones están fundamentalmente al servicio de los demás. Se trata de proporcionar a terceros productos, servicios o experiencias significativas que mejoren sus vidas o su trabajo. Esto es cierto para cualquier tipo de esfuerzo que se base en el pensamiento creativo y las ideas, incluida la resolución de problemas, la mejora de procesos, el servicio al cliente, el liderazgo, la gestión, etc..

Sin embargo, con demasiada frecuencia, la innovación colaborativa se ve limitada por los individuos y sus egos. Creemos que necesitamos ser ese genio solitario. Aún cuando decimos lo contrario, en el fondo nos sentimos amenazados o creemos que nuestras ideas no tienen valor, si nuestros compañeros de equipo las evolucionan o las modifican. Impulsados ​​por la necesidad de ser (o de que nos vean) como innovadores de vanguardia, nos enfocamos tanto en nosotros mismos, que perdemos de vista las necesidades de otras personas. Este foco en el yo, es lo que aniquila nuestra capacidad de crear algo verdaderamente innovador.

Cuando nos desconectamos de la realidad de los demás, se produce un cortocircuito en nuestra capacidad de innovar, no solo a nivel individual, sino también a nivel organizacional. Cualquier cultura empresarial donde se innova poco, es sintomática de una mentalidad de sus colaboradores egocéntrica, enfocada en el “yo”. Esta ceguera—a las necesidades y objetivos de nuestros compañeros, de las personas a quien reportamos y de nuestros clientes—hace que nos resulte imposible anticipar lo que podría serles útil, e implica que los esfuerzos para innovar inevitablemente se queden cortos.

La innovación increíblemente creativa únicamente ocurre cuando responde a las necesidades, retos y deseos de los demás. Basada en un espíritu de auténtica curiosidad y de conexión con los demás, la innovación requiere una mentalidad muy concreta. La buena noticia es que esta mentalidad se puede aprender, implementar y fomentar en toda la organización. Incluso en sectores o entornos empresariales obstaculizados por infinitas regulaciones, o que están inmersos en serios conflictos o plagados de personas enfocadas en su reputación personal, que buscan el reconocimiento, comprometerse a seguir este patrón y mantenerlo con la disciplina que requiere,puede despertar la mentalidad que conduce a la clase de innovación que sitúa a cualquier organización por delante de su competencia.

Tres pasos para lograr un espíritu de auténtica innovación exenta de ego:

Ver al otro: puedes empezar viendo de verdad a la otra persona. Las personas que logran con constancia, altos niveles de innovación, prestan atención y sienten profunda curiosidad por las personas que las rodean.

Ajustar esfuerzos: la innovación exenta de ego es una respuesta a lo que uno ve. Las innovaciones verdaderamente creativas, que tienen la garantía de permanecer y tener un impacto profundo, son la respuesta a las necesidades y retos de otra persona que hemos sido capaces de entender.

Medir el impacto: es vital medir cuidadosamente el impacto de la innovación y medir si el esfuerzo realizado enriquece o no la vida de las personas a las que se pretende afectar.

Pixar aplica este patrón de tres pasos para seguir siendo innovadores. En Pixar se mantienen fieles a la creencia de que el proceso es mucho más importante que cualquier contribución individual. Por ejemplo, en cada película que producen, Pixar utiliza un director diferente. De esta manera, siguen consiguiendo éxitos, presentando al mercado vez tras vez productos verdaderamente innovadores. Como señaló Michael Arntdt, el escritor de Toy Story 3, una gran película requiere que «sus creadores pasen, en algún momento, de crear la historia para ellos mismos a crearla para otros».

Hacer las preguntas correctas

Como líder, debes cuestionar el enfoque de innovación que plantea tu empresa—tanto en tu propio trabajo, como en el trabajo de tus equipos y el trabajo de toda la organización. Para ello, puedes plantear las siguientes preguntas que te permitirán alcanzar el nivel de creatividad que conduce a una innovación extraordinaria:

¿Cómo sería pasar de trabajar centrado en ti mismo a trabajar centrado en los demás?

¿Cómo sería dar lo mejor de ti mismo a las personas que te rodean?

Dondequiera que estemos y hagamos lo que hagamos, este cambio de enfoque marca el final del ego y el comienzo de la innovación creativa. Al priorizar la capacidad de respuesta a los demás, en lugar de servirnos a nosotros mismos, alcanzaremos un nivel de innovación insuperable, estemos en el sector que estemos.