Cuando hacemos nuestro trabajo, a menudo surge un malentendido. Después de estar expuestos al principio fundamental de Arbinger de que debemos esforzarnos por ver a los demás como personas, a menudo nos preguntan cosas como: «¿O sea, lo que me estás diciendo es que tengo que ser amable con todo el mundo todo el tiempo?»

Con una mentalidad «fuera de la caja«, cabría suponer que nuestro comportamiento debiera ser blando, amable, agradable. Y con una mentalidad «dentro de la caja«, cabría suponer que nuestro comportamiento debiera ser duro, directo o desagradable. Pero, en realidad, cuando adoptamos una mentalidad «fuera de la caja» vemos a los demás como personas y cuando adoptamos una mentalidad «dentro de la caja» vemos a los demás como objetos—esta distinción va más allá del mero comportamiento.

Por ejemplo, elogiar a otros puede ser considerado un comportamiento «blando» y corregir a otros un comportamiento «duro». Pero puedo elogiar o corregir a alguien porque les ayudará, o puedo elogiar o corregir a alguien porque me va a ayudar a mí. En el primer caso, veo al otro como a una persona, y en el segundo le veo como a objeto.

Piensa en tus interacciones diarias: hay dos maneras de decir «sí», dos maneras de decir «no», dos maneras de sonreír, dos maneras de fruncir el ceño, dos maneras de corregir, dos maneras de reconocer a alguien. Podemos hacer casi cualquier comportamiento desde fuera o desde dentro de la caja.

Pero considera lo diferentes que pueden ser dos comportamientos aparentemente idénticos, por ejemplo, recibir cumplidos. Imagina que alguien te hace un cumplido y piensa en cómo de diferente se siente si lo hace viéndote como a una persona o viéndote como un objeto. ¿Te haría sentir igual? Del mismo modo, considera lo diferente que te sentirías si alguien te corrigiera viéndote como una persona o viéndote como un objeto.

¿Conclusión? Hagamos lo que hagamos en la superficie, la gente no responde a lo que hacemos, sino a quiénes estamos siendo cuando hacemos lo que hacemos.