Las relaciones son clave en la vida, y las personas a veces nos la complicamos mucho. Esto nos afecta de forma determinante tanto en la vida privada como en la vida profesional.

La historia que deseo compartir es un ejemplo que a lo largo de mi carrera he visto reproducirse de manera recurrente: dos personas clave de un departamento, con clara necesidad de trabajar en equipo, cuya relación ha llegado al extremo de casi no hablarse, enrocadas cada una de las partes en mil y una justificaciones.

Su director me llamó pidiéndome ayuda.

Le hablé de la herramienta de resolución de conflictos del Instituto Arbinger que tanto me ha ayudado. Compartí con él un par de ejemplos reales y al terminar me pidió que la probáramos para intentar ayudar a estas dos personas clave de su departamento.

Ambos citamos a las dos partes por separado y les hicimos 4 preguntas:

  1. ¿Qué cosas hace la otra persona que te molestan? (datos objetivos, hechos)
  2. ¿Cómo la ves cuando lo hace? (adjetivos)
  3. ¿Qué haces tú a continuación cuando la ves así? (con sinceridad, qué acciones)
  4. ¿Cómo crees que esta persona te ve cuando haces esto?

El resultado de las dos reuniones individuales fue, tras un silencio sostenido, un primer clic al darse cuenta de su parte de responsabilidad y de lo difícil que se lo estaban poniendo el uno al otro.

A continuación, nos concentramos en las respuestas a la tercera pregunta, y le planteamos a cada parte si creían que podrían dejar de hacer aquello que estaba molestando más a la otra. Ambos respondieron que sí. Les propusimos entonces que se comprometieran no solo a dejar de hacer eso, sino a hacer algo nuevo y útil para la otra persona. Ambos se aceptaron. El resultado fue un cambio inmediato. Simultáneo en cuanto a la manera de trabajar el uno con el otro. Ambos lo constataron, y de forma natural empezaron a cambiar la manera de verse, se sintieron vistos de forma radicalmente diferente.

No fue necesario, tras las dos reuniones individuales, hacer una reunión conjunta, ya que todo fluyó y se dieron cuenta de los beneficios de haber cambiado la manera de verse y trabajar uno con el otro.

La herramienta: Meet to Give

No siempre ha sido así. He enfrentado situaciones en las que, después de esta primera toma de conciencia, ha hecho falta prepararlos para una reunión en la que ambos vengan dispuestos a dar y a ofrecer, a partir de reconocer que no lo han puesto fácil.

Este tipo de reuniones las llamamos Meet to Give, Les pedimos que hayan escrito y reflexionado acerca de aquellas situaciones en las que reconocen no haber puesto las cosas fáciles uno al otro. Este ejercicio de “mostrarse” vulnerable suele desarmar a la otra persona. Pero lo más impactante tras este gesto auténtico y sincero, es la conversación que viene después, en la que cada una de las partes ha pensado previamente en aquello que podrían hacer para ayudar a la otra y le piden feedback si serían útiles, preguntando si podrían hacer algo más.

Mi experiencia, después de haber utilizado estas dos herramientas en muchas ocasiones, me dice que hay un antes y un después de utilizarlas. El después siempre es mucho mejor. Hay un gran alivio para las partes afectadas. Una revitalización de la relación, y un aumento inmediato de la productividad, de los resultados y del clima de trabajo.

Lo que más me gustan de las herramientas de Arbinger son su practicidad y su sencillez. La clave no está tanto en forzarte a cambiar unos comportamientos sino en darte cuenta de qué te está pasando cuando algo no funciona. Qué parte de responsabilidad puedes estar teniendo. Olvidarte un poco de ti y confiar en que probablemente la solución está en poner el foco en lo que la otra persona puede estar necesitando y en decidir ayudarla. Y esto al final siempre es una elección de cada uno.