Por Jaume Abad, Socio Arbinger España / es.linkedin.com/in/jaumeabad

¿Cómo sería que la empresa que me quisiera contratar como ejecutivo me propusiera un proyecto de desarrollo personal y un plan de carrera profesional ilusionante para que, a cambio, yo les diera lo mejor de mí mismo?

¿Cómo sería que confiaran en mí para que diera mi mejor versión, también cuidando a mi jefe, a mis clientes, a mis compañeros de equipo de dirección y a mi equipo directo, empatizando con sus objetivos y ayudándoles a conseguirlos?

¿Estaría de acuerdo en aceptar el reto y en trabajar para esos resultados?

¿Estaría motivado a dar lo mejor de mí para ayudar a los demás y a la organización a lograr resultados en todo momento?

Cuando mi mentalidad está fuera de la caja siento que ésta es mi obligación. Siento el deseo de ayudar y de poner el foco en los demás.

Debo preguntarme a mí mismo: ¿considero realmente que aquellos con quienes trabajo son personas? ¿cuánto sé de ellos realmente? ¿Veo sus necesidades, objetivos y problemas? ¿Los conozco? ¿Los entiendo? ¿Siento la obligación de darles lo mejor de mí?

En otras experiencias profesionales anteriores, y reconozco que también en la actualidad, cuando no he dado lo mejor de mí, me doy cuenta que he culpado a mi jefe, o a mis compañeros, o a mis empleados, o a la empresa.

Si repaso todos los jefes que he tenido, pocos se salvan de mis críticas y culpabilizaciones, y eso me hace ver que en estas situaciones tenía el foco más en mí que en ayudarles a conseguir sus objetivos y los de la empresa. Actualmente, reconozco que en ocasiones lo sigo haciendo con mis socios cuando las cosas no salen como a mí me gustaría (de nuevo foco en mí).

En todos estos casos, no muestro mi mejor versión y me auto-traiciono buscando justificaciones, excusándome a mí mismo y culpando a los demás. Cuando nos auto-traicionamos hacemos a los demás responsables de los problemas que nosotros mismos creamos cuando sentimos, por ejemplo, que nos tratan mal o que no nos valoran como creemos merecer o no nos tienen suficientemente en cuenta.

¿Pero en realidad, qué tiene que ver mi jefe, mis compañeros de trabajo, las personas que me reportan o la empresa con que yo dé lo mejor de mí mismo?

Dar lo mejor de mí es una elección, una decisión que depende exclusivamente de mí. La auténtica verdad es que creo que di menos de lo que podía haber dado con la excusa de que otros habían dejado de hacer cosas por mí.

Cuando me “pillo” justificándome por haber hecho o dicho algo, señal de que no tengo la conciencia tranquila, que me complico la vida y se la complico a los demás. Siempre me han gustado las personas que hacen las cosas fáciles, como el mítico jugador y entrenador de fútbol Johan Cruyff. Una de las frases que le escuche decir en la presentación de un documental sobre su vida es:  “Si quieres algo, hazlo”. Así de fácil, así de claro, sin excusas. Si decides hacer algo no se te ocurre buscar justificaciones, solo las buscas si optas por no hacerlo, y ese es el instante de la auto-traición y el inicio del autoengaño.

Mi reto hoy es trabajar y también vivir con una mentalidad fuera de la caja, y para eso necesito practicar cada día, al menos unos minutos.

¿Te motiva este reto, te animas y practicamos juntos?

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