Por Senthiyl S S G, Director General, Arbinger Singapur / Malasia

A menudo, cuando queremos averiguar cuál es nuestro estilo de liderazgo, nos ponemos a pensar en nuestros comportamientos. Pero, si prestamos atención a nuestra mentalidad, acertaremos más y sabremos qué tipo de líder somos en realidad.

Los libros más conocidos sobre liderazgo a menudo dicen que los líderes están orientados a las tareas o a las personas. De la misma manera, dicen que los líderes orientados a tareas muestran comportamientos “duros” mientras que aquellos que están orientados a las personas practican comportamientos “blandos”.

Pero estas son dicotomías falsas. Como líderes, podemos orientarnos tanto hacia las tareas como hacia las personas o tener comportamientos duros y blandos, según sea nuestra mentalidad.

¿Soy un líder orientado a tareas o a personas?

Llega un punto en nuestra carrera como líderes que nos vemos obligados a reflexionar sobre la siguiente pregunta: “¿Cómo puedo enfocarme a resultados y a la vez honrar y ver a las demás como personas?”

A menudo, creemos que centrarse en los resultados es diametralmente opuesto a honrar y ver a los demás como personas. Podríamos argüir: “Si queremos generar resultados de verdad, tenemos que ver a los demás únicamente como productores de resultados … ¡como objetos!”

Esta suposición desafía peligrosamente el énfasis que ponemos en los valores organizacionales. Tales valores generalmente nos alientan a ver a los demás como personas que importan de la misma manera que nosotros importamos. Sin embargo, cuando vemos a los demás solo como vehículos que necesitamos para obtener los resultados deseados, dejamos de verlos como personas.

¿Cómo, entonces, podemos vivir nuestros valores organizacionales e impulsar los resultados a la vez?

Quizá la pregunta es: ¿Estos objetivos se excluyen mutuamente? 

La cultura popular posiblemente diría que sí. A lo largo de nuestras carreras como líderes conocemos varios estilos de liderazgo. Estos estilos (e incluso algunos test de personalidad) parecen impulsarnos a decidir si nos identificamos como líderes “orientados a tareas” u “orientados a personas”.

Cuando nos identificamos con un estilo de liderazgo en particular, a menudo nos basamos en nuestros comportamientos.

Los comportamientos de un líder se pueden clasificar, en términos generales, en dos tipos: comportamientos “duros” y comportamientos “blandos”

A menudo asociamos el estilo de liderazgo orientado a tareas con comportamientos “duros”. Contrariamente, aquellos líderes que muestran comportamientos “blandos” predominantemente se consideran orientados a personas.

Ejemplos de comportamientos duros incluyen, centrarse solo en la tarea en cuestión, rechazar una solicitud o petición, despedir a alguien, hacer una valoración negativa, establecer y esperar altos estándares, rechazar la mediocridad, establecer objetivos desafiantes, no comprometerse, “decir las cosas como son”, entre otros.

Por el contrario, ejemplos de comportamientos blandos incluyen, animar al equipo a participar en las decisiones importantes, elogiar, dar a alguien una valoración positiva, ser flexible, comprometerse, decir “sí”, evitar decir verdades que puedan herir los sentimientos de los demás, etc.

He aquí la confusión: los buenos líderes demuestran ambos tipos de comportamientos

Como líder, una de las principales responsabilidades consiste en ayudar a los miembros del equipo a crecer. De hecho, si realmente honramos a los miembros de nuestro equipo y los vemos como personas, nos nace el deseo natural de ayudarlos a crecer y progresar.

Pero, ¿puede la gente crecer si nosotros, como líderes, solo exhibimos comportamientos blandos? ¿Realmente estamos honrando a los demás como personas?

Si solo exhibimos conductas blandas hacia los miembros de nuestro equipo, muy probablemente no les estemos ayudando a crecer y a desarrollarse. Es posible que no proporcionemos el feedback que necesitan oír. Es posible que no estemos estableciendo metas desafiantes que podrían ayudarlos a desarrollar habilidades que de otro modo quedarían en un estado latente.

De hecho, el crecimiento y el desarrollo de nuestros equipos a menudo requieren comportamientos duros por nuestra parte. Establecer metas desafiantes, exigir altos estándares e incluso ofrecer feedback difícil, a menudo son justo lo que nuestros equipos necesitan para salir de sus zonas de confort y crecer. A medida que ejercitamos estos comportamientos duros, ayudamos a los miembros de nuestro equipo a desarrollar todo su potencial.

Esto sugiere, entonces, que, para honrar verdaderamente a los miembros del equipo como personas, debemos exhibir conductas blandas y duras. Ninguno de estos tipos de comportamientos es exclusivo de un estilo de liderazgo orientado a tareas o a personas; ambos son esenciales para un buen liderazgo en general.

Entonces, ¿qué distingue a un buen líder de un líder mediocre? La Mentalidad

En lugar de determinar nuestros estilos de liderazgo en función de nuestros comportamientos, podemos centrarnos en la mentalidad que impulsa nuestro liderazgo.

Podríamos preguntarnos: ¿Tengo una mentalidad dentro de la caja, centrada únicamente en lo que yo quiero o necesito? ¿O tengo una mentalidad fuera de la caja, centrada en el beneficio común, en lo que nosotros necesitamos y queremos?

Al pasar de una mentalidad enfocada en  a una mentalidad enfocada en nosotros, podemos:

  • Convertirnos en un líder verdadera y totalmente orientado a las tareas, centrándonos en ayudar a todos a alcanzar los resultados de la organización.
  • Aplicar las acciones correctivas que requiera una situación determinada, independientemente de si lo hago con un comportamiento “duro” o “blando”.
  • Liberar todo el potencial que hay dentro de nosotros mismos y el de aquellos que nos admiran y confían en nosotros.
  • Fomentar una cultura sin culpables y sin foco en el yo.

En conclusión: Los estilos de liderazgo orientado a tareas y orientado a personas, ¿se excluyen mutuamente? 

Con una mentalidad fuera de la caja, podemos estar orientados tanto a las tareas como a las personas. De hecho, el éxito de nuestra organización depende de que seamos ambos.

A medida que desarrollamos una mentalidad fuera de la caja, aceptamos el hecho de que, para lograr grandes resultados, debemos maximizar el talento, la creatividad y el compromiso dentro de nuestra organización. Y para lograrlo, debemos ver y tratar a los miembros de nuestro equipo y a los clientes como personas, con sus propios objetivos, necesidades y retos.

Como líderes, ya no hace falta que nos planteemos si debemos ser un líder orientado a resultados u orientado a personas. Todo lo contrario, lo deseable es que nos enfoquemos firmemente en los resultados y honremos a los demás como personas.

Cuando te plantees qué estilo de liderazgo tienes, considera tu modo de ver a los demás, más que tu modo de hacer las cosas.

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