El CEO de @Apple, Tim Cook, en su discurso de graduación en el MIT en 2017 dijo:

No me preocupa que la inteligencia artificial brinde a los robots la capacidad de pensar como seres humanos. Me preocupa más que la gente piense como un robot, sin valores ni compasión, sin preocuparse por las consecuencias

La evolución tecnológica es imparable y la inteligencia artificial, sin lugar a dudas, conseguirá robots cada vez más completos e inteligentes. Esto es inevitable.

De su discurso, me viene una reflexión: la gran oportunidad que tenemos de “humanizar” la tecnología desarrollándola con los valores que dan sentido a la vida.

Porque los robots no son personas. Ellos serán mecánicamente mucho más perfectos que nosotros, y tendrán una capacidad asombrosa, pero nunca tendrán alma. Esto nos proporciona una diferencia muy interesante. El alma es la esencia de las personas.

¿Y qué nos hace tan especiales a los seres humanos y tan diferentes de los robots?

Ser mortales y tener una vida emocionantemente finita y no programada como ellos.

Liderar la vida desde el corazón, desde la pasión, desde el respeto y desde el amor.

Tener emociones y canalizarlas en positivo. Tener capacidad de improvisación y sorprender. Tener intuición y ponerla al servicio de los demás. Tener grandes dosis de ilusión e imaginación que muevan a crear e innovar. O tener el anhelo de crecimiento personal y espiritual de mejorar como seres humanos y desear aprender a ver, respetar y considerar a los demás como personas.

Viviendo estos valores, no parece tan preocupante llegar a tener menos inteligencia que algunos robots o máquinas programables con inteligencia artificial.

El camino erróneo sería deshumanizarnos, convertirnos en una especie de mezcla entre ser humano y robot, y considerar a los demás como máquinas, robots, objetos o cosas. No hay nada más decepcionante que relacionarnos con personas que nos miran pero no nos ven, nos oyen pero no nos escuchan, o nos hablan de lo suyo pero no se interesan por lo nuestro. Ese es el temor del que habla Tim Cook, que los seres humanos nos convirtamos en robots, sin empatía, ni autenticidad, ni capacidad de conectar, enfocados solo en lo nuestro.

La manera de ver y considerar a los demás, es algo que nos diferencia como seres humanos de las máquinas o los robots. Solo el ser humano puede aprender a ver al otro como una persona, con sus necesidades y preocupaciones y sentir que importan tanto como las suyas. Y eso es una elección libre: podemos elegir ver personas o ver objetos. 

La oportunidad pues, en este contexto de avance tecnológico tan veloz, es ser más PERSONAS que nunca, humanizarnos al máximo nivel en lugar de deshumanizarnos, y aprender a poner el foco no tanto en uno mismo sino en los demás. Y para que esto sea posible de forma natural y sostenible en el tiempo, el primer paso imprescindible es adquirir la máxima autoconciencia, darnos cuenta de nuestro impacto en los demás y hacernos responsables del mismo, dejarnos de excusas y justificaciones cuando no tenemos en cuenta al otro, y hacer todo lo posible por ayudar y por colaborar, dando pequeños pasos cada día. Debemos reaprender a ver a los demás como personas y no hay atajos en este proceso: primero reaprendemos desde la cabeza—comprendiendo la trascendencia de ver más allá de nosotros mismos—luego lo bajamos al corazón—haciéndonos cargo y rectificando cada vez que ignoramos las necesidades de los demás—hasta que finalmente aprendemos a bajarlo a las piernas—transformando nuestra manera de ser y siendo nuestra mejor versión. El secreto de este proceso, es hacer gimnasia, practicar, practicar y practicar.

Cada vez más, el mundo necesita liderazgos con mayor inteligencia emocional y mayor integridad que tengan un gran respeto por los valores que dan sentido a la vida.

Vivir más tiempo ya es una realidad conseguida que irá a más. El reto ahora es vivir más tiempo de calidad. Hay una parte de esa calidad que depende de los avances tecnológicos, y hay otra que depende claramente de cada persona y de lo que quiera llevarse de su experiencia vital.

El gran poeta Horacio decía “Carpe Diem, quan minimum credula postero” que significa “aprovecha el día, no confíes en el mañana”. Si la tecnología nos ofrece esta “prórroga de tiempo”, quizás la podamos interpretar como una nueva oportunidad para crecer en autoconciencia.

Nunca es tarde para desconectar “el piloto automático”, levantar la cabeza, mirar alrededor y elegir poner el foco en las personas con las que interactuamos más que un uno mismo. Si lo hacemos y nos damos cuenta del impacto inmediato que este cambio tendrá en los demás y también en nosotros mismos, probablemente tendremos una mayor sensación de plenitud y de sentido de ese tiempo bien aprovechado, estaremos eligiendo no comportarnos como robots, y estaremos elevando nuestra calidad como seres humanos.