A veces puede parecer que no hay forma de salir de un conflicto. En este post vamos a ponderar algunas preguntas que nos podemos hacer para ver la situación tal como es.

Por Jack Colwell, Director de Prácticas de Seguridad Pública del Instituto Arbinger 

La ilusión de Müller-Lyer: la diferencia entre saber y ver

¿Puede ser difícil ver la realidad?

Efectivamente.

Quizás hayas visto la ilusión de Müller-Lyer: dos líneas de la misma longitud con puntas de flecha que apuntan en direcciones opuestas. Cuando miras esta imagen, una línea parece más larga que la otra. Sin embargo, cuando las mides, te das cuenta de que tienen la misma longitud.

¿Por qué es tan difícil ver que las dos líneas son iguales, algo que puedes medir y que sabes que es la verdad?

La ilusión de Müller-Lyer en nuestras propias vidas

Arbinger nos propone que nos preguntemos: «¿De qué manera estoy siendo un problema para los demás?» Hay momentos en que esta pregunta nos recuerda la ilusión de Müller-Lyer. Sabemos que existe la posibilidad de que estemos contribuyendo al problema y siendo un problema para el otro, pero como nos encontramos en medio del conflicto, simplemente no podemos verlo. Lo único que podemos ver es cómo los demás están siendo un problema para nosotros.

Ignorar el hecho de que nosotros somos parte del problema nos causa confusión y frustración.

Puesto que somos parte del conflicto, sabemos que probablemente podamos o tengamos que cambiar algo.

Sin embargo, al poner el foco en el impacto que los demás tienen en nosotros, no nos damos cuenta de los cambios que podríamos hacer. Al contrario, solo nos preocupa lo que tenemos que aguantar de la otra persona. Como resultado, nos sentimos atrapados y dependientes de lo que ellos hagan y nos sentimos víctimas de las consecuencias de sus acciones. En lugar de preguntarnos qué podemos hacer o cambiar, simplemente nos preguntamos por qué tenemos que soportar un mal trato.

Por el contrario, cuando nos enfocamos en nuestro impacto en los demás y nuestra contribución al problema, experimentamos una sensación de liberación. Reconocemos las maneras en las que nuestra actitud y comportamientos contribuyen al conflicto. Además, nos damos cuenta de que podemos cambiar esas actitudes y comportamientos para aliviar e incluso resolver la situación. Ya no tenemos que aguantar simplemente las acciones de otros o esperar a que cambien.

Si queremos, podemos cambiar.

¿Significa esto que el conflicto se resolverá de inmediato? No necesariamente. La otra parte puede continuar con su propia actitud y comportamientos que contribuyen al problema. Sin embargo, en la medida en que nosotros pongamos medios para mejorar la situación, ya habremos dado el primer paso.

Reconocer nuestro impacto en los demás, es como medir las líneas Müller-Lyer con una regla. No sólo sabemos que le estamos creando un problema al otro, sino que además podemos verlo. Las líneas son iguales.

El poder de ver y reconocer la verdad

Cuando finalmente vemos cómo podríamos ser un problema para los demás, el estrés y la ansiedad de sentirnos la víctima se evaporan. Incluso podemos sentirnos energizados y motivados, con una repentina sensación de claridad.

A menudo aparecen soluciones simples a problemas muy complejos, casi de la nada.

En mi trabajo con los organismos encargados de hacer cumplir la ley, es emocionante ver esta claridad en situaciones de conflicto extremo, aparentemente irresolubles.

Durante meses, años o incluso décadas, los problemas complejos, tanto en las agencias como en las comunidades a las que sirven, han supuesto una carga importante para los policías. impactan negativamente a los policías, que se sienten estresados y víctimas de los demás.

Pero, un día, la policía se plantea de qué manera podrían haber invitando a los demás a causar los problemas de los que tanto se quejaban. Al admitirlo, los policías empezaron a sentirse revitalizados y optimistas. Adquirieron un sentido de claridad. La solución simple a problemas complejos e intratables se vuelve obvia. Se dan cuenta de que ellos pueden ser los agentes del cambio que esperaban.

Medir las líneas

Así que la próxima vez que te encuentres en un conflicto, asegúrate de ver la realidad preguntándote:

¿De qué manera soy yo el problema?

¿Cuál es mi impacto en los demás?

¿Qué puedo hacer para mejorar la situación?

¿He considerado realmente todos los motivos por los que los otros están actuando de esta manera?

¿Qué tipo de cambio estoy esperando y qué puedo hacer para lograrlo?

Las respuestas a estas preguntas te ayudarán a «medir» la situación y, como la ilusión de Müller-Lyer, verás que las líneas son iguales.

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