Por el Instituto Arbinger

Hope Arising, una organización sin ánimo de lucro que trabaja con comunidades rurales en Etiopía, ha aplicado la mentalidad fuera de la caja (orientada a las personas y sus objetivos) para desarrollar soluciones eficaces a tres retos que estas organizaciones suelen enfrentar.

Hope Arising es una organización sin ánimo de lucro que se dedica a hacer llegar agua limpia a las aldeas atenazadas por la pobreza en Dera, Etiopía. Fundada en 2007, esta organización ha utilizado un enfoque orientado a las personas y sus objetivos (mentalidad fuera de la caja), para superar con eficacia tres retos que con frecuencia enfrentan muchas de estas organizaciones.

Chantal Carr, co-fundadora de Hope Arising, comparte con nosotros su experiencia y aprendizajes.

Error Nº1: permitir que “la cola agite al perro” 

Muchas organizaciones toman decisiones sobre sus planes de acción teniendo en cuenta el dinero. “La cola agita al perro”, dice Carr. En estos casos, organizaciones con buenas intenciones acaban fallando en su misión de ser verdaderamente útiles a las comunidades a las que sirven, porque se enfocan en la necesidad equivocada.

Por ejemplo, Carr recuerda que trabajó en una región donde una ONG distribuía mosquiteras para combatir la malaria, lo cual era genial, porque había mucha malaria en la región.  El problema es que estas personas se morían de hambre y utilizaban estas mallas impregnadas de insecticida para ir a pescar. ¡Necesitaban comer!

¿Cuál es la lección? “No puedes ayudar a las personas sin atender a sus necesidades más importantes”, dice Carr. Para estas organizaciones es crítico empezar conociendo y priorizando las necesidades de aquellos a quienes sirven, para luego ajustar sus esfuerzos en función de dichas necesidades.

Este aprendizaje tuvo un impacto directo en la misión de Hope Arising. “Cuando comenzamos nuestro trabajo en Etiopía pensábamos que íbamos a ayudar a los huérfanos”, dijo Carr. Pero, “cuando llegamos allí era increíble, porque llevaban 5 años sin agua, la situación era desesperada. El gobierno les traía agua en cisternas para mantenerlos vivos”.

Así que tuvimos que preguntarnos, “¡¿será mejor llevar agua?!”

Esta clase de flexibilidad ha sido clave para que la organización siga teniendo éxito. Han ampliado su programa incluyendo proyectos de infraestructura, apoyo a la educación, creación de microempresas, formación en salud y educación, prevención y concienciación sobre el SIDA y más temas. El programa se ha ampliado respondiendo siempre a las necesidades detectadas sobre el terreno. “Hemos sido capaces de ser flexibles en nuestro programa. Debes hacer lo que las personas necesitan, no lo que tú crees que es lo ideal”.

Error Nº2: medir resultados en vez del impacto

Medir los resultados es mucho más fácil que medir el impacto. Pero si las organizaciones solo miden los resultados, no sabrán hasta qué punto han conseguido los objetivos que se habían planteado.

Chantal Carr se dio cuenta de que había caído en esta trampa unos años después de fundar Hope Arising. Así que se propuso encontrar un modo de medir el impacto. Durante una lluvia de ideas, un miembro del equipo preguntó: ¿qué impacto espera la gente que tengamos? ¿qué esperan que el agua limpia haga por ellos?”, y añadió: “Si podemos contestar a este tipo de preguntas, tal vez podemos determinar lo que deberíamos medir.”

Con este tipo de preguntas en mente el equipo comenzó a hablar con los habitantes de las aldeas de esa región.  Choza tras choza escuchaban siempre lo mismo: “cuando nuestros niños se ponen enfermos, debido al agua sucia, pierden clases. Si no van a clase, los maestros no reciben su paga y se van a otros pueblos. Si nuestros niños no van a la escuela, no podrán escapar nunca de la pobreza. Necesitamos agua limpia para que nuestros hijos puedan ir a la escuela”.

De este modo se dieron cuenta de que habían encontrado cómo medir su impacto: el número de días que los niños iban a la escuela. Medir esto les permitiría conocer su impacto en aquello que realmente era importante para las personas a las que querían ayudar. Además, esa era una información que podían conseguir fácilmente de las autoridades locales.

Error Nº3: diseñar programas poco sostenibles

Algunas organizaciones de caridad y no gubernamentales se esfuerzan por desarrollar programas que no dependan de continuas inyecciones de financiación externa. Uno de los más programas de Hope Arising que tiene más éxito en términos de sostenibilidad, es el que otorga microcréditos a las mujeres de la comunidad de Dera. ¿Cómo lo logran?

Su enfoque es intensivo pero eficaz. “Para asegurar el éxito de las mujeres empresarias, hacemos mucha formación cada semana.” En vez de decirles, “toma, aquí está tu dinero, ya puedes empezar tu negocio”, explica Carr, “les decimos: bien, aquí está tu dinero y así es cómo se emprende un negocio, estas son las pautas básicas, te mostramos cómo hacerlo, cuentas con este grupo de apoyo y nos vemos la semana que viene para que nos expliques qué has hecho.”

“Una vez las mujeres tienen acceso a esta clase de conocimiento, francamente saltan de alegría. Son listas, tienen potencial, voluntad. Solo les faltaba tener acceso a los recursos y al conocimiento necesarios. Una vez que su negocio está en marcha, pagan el colegio de sus hijos, hacen presupuestos y ahorran, consiguen asistencia sanitaria. Dejan de depender de nosotros. De hecho, el dinero con el que devuelven el préstamo se utiliza para iniciar un grupo que apoya a otra mujer. Todas las personas que terminan el programa se convierten en mentoras de las recién llegadas.”

“Así es cómo conseguimos un impacto a largo plazo, dignidad y sostenibilidad”, dice Carr entusiasmada, “sabiendo que podríamos irnos mañana y ellas continuarían”.

Te invitamos a pensar en nuevos KPIs que midan el impacto, en vez de los resultados. ¿A ver qué se te ocurre?

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