

Autor: Jim Ferrell, Socio Fundador y Gerente, El Instituto Arbinger
Era el 24 de enero de 1987 y me encontraba solo en un club de baile. Había estado en el club durante unos cinco minutos cuando entreví por primera vez a la mujer con quien me casaría.
Todos mis sentidos se despertaron intensamente. La vi caminar hacia el otro lado de la sala. Cuando empezó la siguiente canción, crucé nerviosamente la pista y le pedí que bailara conmigo.
Hemos estado bailando casi treinta años. Algunos días nuestro baile es divertido y emocionante. Otros días hay tensión entre nosotros. A veces nos tocamos, otras veces no, pero siempre hemos estado bailando.
De hecho, el mundo entero está bailando. Siempre. Bailar en el sentido de que siempre estamos en relación - con padres, hermanos, vecinos, compañeros de trabajo, extraños, compañeros, hijos, jefes, enemigos y amigos. Todas estas relaciones tienen movimiento y energía; en cada una de ellas estamos bailando.
En el matrimonio se baila. En el divorcio se baila. El trabajo, el juego y el estudio bailan con nosotros. Solos o acompañados, nuestros pensamientos y emociones se entrelazan con la gente en nuestras vidas. No hay manera de evitarlo. Siempre estamos en relación. Vivir es bailar.
Así que la pregunta no es si vamos a bailar, sino cómo. Y en cuanto a cómo, hay sólo dos formas: podemos bailar de manera que bailar juntos sea más fácil, o podemos bailar de manera que el baile sea más difícil. Hay grados dentro de cada una de estas posibilidades, pero la elección fundamental es entre estas dos opciones: hacérselo más fácil a los demás o más difícil.
Conservamos la opción de elegir incluso cuando bailamos con gente que nos resulta difícil. La calidad de nuestro baile dependerá de muchas cosas, incluyendo nuestra habilidad y nuestro entusiasmo. Pero cualesquiera que sean las habilidades y características que nosotros y nuestros compañeros traigamos al baile, cada uno de nosotros tiene la llave para elegir si nuestro baile juntos será más fácil o más difícil. En este asunto, elegimos.
El primer paso hacia un baile más fácil es apreciar a nuestro compañero, quién es, qué le importa, por qué e importantes. Puedes pensar en tu vida personal para ver si esto es cierto o no: cada vez que dejamos de apreciar a nuestros compañeros de baile, bailar con ellos se hace más difícil.
Pero cuidado con una trampa: cuando no apreciamos a nuestros compañeros de baile, normalmente los culpamos a ellos de nuestra propia ingratitud. Esta auto-exoneración es una mentira. Incluso si tenemos razón sobre las deficiencias de los demás, no es cierto que sus fracasos hayan causado nuestra falta de aprecio. Independientemente de lo que nuestros compañeros de baile hayan hecho o no, seguimos teniendo la capacidad de apreciarlos. Una vez más, considera tu propia vida para ver si esto es cierto o no: cada persona que nos ha apreciado nos demuestra que uno puede apreciar a otros a pesar de las imperfecciones.
El segundo paso hacia el baile más fácil es actuar en cada momento para ayudar a que el baile vaya mejor en lugar de preocuparnos por “parecer” mejor. Enfocarse en la danza que ambos creamos mantiene el foco fuera de nosotros mismos y nuestros propios méritos y nos ahorra el preocuparnos sobre quién está bailando mejor o peor. Cuando solo nos preocupa mejorar la danza, ajustamos con naturalidad nuestros propios pasos y giros en respuesta a nuestro compañero de baile, así mejoramos el baile.
Por último, los que hacen el baile más fácil nunca abandonan el baile. Incluso cuando salen de una relación se dan cuenta de que la danza continúa - en sus propios corazones y en los corazones de aquellos que han dejado. Los pensamientos y sentimientos hacia la persona a la que dejan (o que les ha dejado) influirán en el resto de bailes, y la forma en que saldrán influirá también en todas las danzas de la otra persona, hoy y siempre. Así que, ya sea para irse o para quedarse, continúan bailando de manera consciente y con actitud de servicio.
¿Cómo te imaginas que las personas en tu vida experimentan tu baile?
¿Lo haces más fácil o más difícil para la gente en el trabajo? ¿Qué tal en casa? ¿Ayudas a sus propias relaciones a danzar con gracia o con dificultad?
¿Qué dirían tus compañeros de baile de ti?
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