
A menudo, al tratar de identificar el estilo de liderazgo que tenemos, solemos pensar en los comportamientos que realizamos. En este post te explicamos por qué evaluar la mentalidad revela con más exactitud el tipo de líder que somos.
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Por Senthiyl S S G, Director de Arbinger Singapur / Malasia, The Arbinger Institute | Febrero 25, 2020
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Las mayoría de manuales sobre liderazgo indican que los líderes están orientados bien a tareas o bien a personas. También dicen que los líderes orientados a tareas muestran comportamientos "duros", mientras que los que están orientados a las personas suelen tener comportamientos "suaves".
Pero esta aseveración no es del todo cierta. Como líderes, podemos estar orientados tanto a tareas como a personas, y podemos tener comportamientos duros y blandos, dependiendo de nuestra mentalidad.
En algún momento de nuestra carrera como líderes nos planteamos la siguiente pregunta: "¿Cómo puedo tener un claro enfoque en los resultados y a la vez honrar y ver a las personas como personas"
A menudo, creemos que centrarse en los resultados es diametralmente opuesto a honrar y ver a las personas como personas. Podríamos razonar: "Para impulsar realmente los resultados, tenemos que ver a los demás únicamente como productores de resultados ... o sea, ¡como objetos!"
Esta suposición plantea un desafío a la hora de impulsar los valores en la organización. Tales valores generalmente nos animan a ver a los demás como personas que importan tanto como nosotros. Sin embargo, cuando vemos a los demás sólo como vehículos que nos sirven para alcanzar los resultados deseados, entonces no los estamos viendo realmente como personas.
La cuestión es ¿cómo podemos vivir según los valores de la organización y centrarnos en los resultados?
Posiblemente la cultura popular diría que sí. A lo largo de nuestras carreras como líderes, se nos presentan varios estilos de liderazgo. Estos estilos (y también algunos tests de personalidad) parecen clasificarnos en dos tipos, "orientados a tareas" u "orientados a personas".
A cada estilo de liderazgo en particular, se le atribuye por lo general una serie de comportamientos.
A menudo asociamos el liderazgo orientado a tareas con comportamientos "duros". Mientras que, aquellos que demuestran predominantemente comportamientos "suaves" se consideran líderes orientados a personas.
Muestras de comportamientos duros incluyen enfocarse sólo en la tarea en cuestión, rechazar una petición, despedir a alguien, dar a alguien una calificación baja, establecer y esperar exigentes niveles de calidad, rechazar la mediocridad, establecer metas desafiantes, no comprometerse, "decir las cosas como son" y así por el estilo.
Por el contrario, las muestras de comportamientos suaves incluyen buscar la participación del personal en decisiones importantes, encomiar, dar una buena calificación a alguien, ser flexible, comprometerse, decir "sí", evitar decir verdades que puedan herir los sentimientos de los demás, etc.
En esto radica el equívoco: los buenos líderes demuestran ambos tipos de comportamientos.
Como líder, una de las principales responsabilidades es ayudar a los miembros del equipo a crecer. De hecho, si realmente honramos a los miembros de nuestro equipo y los vemos como personas, naturalmente queremos ayudarlos a crecer y progresar.
Pero si, como líderes, sólo mostramos comportamientos suaves, ¿podremos ayudarles a crecer? ¿Estaremos realmente honrando a los demás como personas?
Si sólo mostramos comportamientos suaves hacia los miembros de nuestro equipo, es posible que no podamos ayudarlos adecuadamente. Es posible que no podamos darles el feedback necesario. Es posible que no podamos establecer objetivos desafiantes que puedan ayudarlos a desarrollar habilidades que de otra manera seguirían ocultas.
De hecho, el crecimiento y el desarrollo dentro de nuestros equipos a menudo requieren comportamientos duros de nuestra parte. Establecer objetivos desafiantes, exigir altos estándares e incluso dar comentarios difíciles, a menudo es justo lo que nuestros equipos necesitan para salir de su zona de confort. A medida que desplegamos estos comportamientos duros, ayudamos a los miembros de nuestro equipo a desarrollar todo su potencial.
Esto significa que, para honrar como personas a los miembros del equipo, debemos implementar comportamientos suaves y duros. Ninguno de estos dos tipos de comportamiento es exclusivo de un estilo de liderazgo orientado a las tareas o las personas; ambos son esenciales para un buen liderazgo.
En lugar de determinar nuestro estilo de liderazgo basándonos en nuestro comportamiento, podemos centrarnos en la mentalidad que impulsa nuestro liderazgo.
Podríamos preguntarnos: ¿Tengo una mentalidad “dentro de la caja”, en la que mis objetivos están sólo enfocados en mí? ¿O tengo una mentalidad “fuera de la caja”, en la que mis objetivos tienen en cuento a los demás?
• Orientarnos totalmente en las tareas al enfocarnos en ayudar a otros a alcanzar los objetivos de la organización.
• Emplear las medidas adecuadas en cualquier situación que se presente, independientemente de si se consideran comportamientos "duros" o "suaves".
• Sacar el máximo potencial de nosotros mismos y de los que confían en nosotros.
• Fomentar una cultura en la que no se busca culpables ni está enfocada sólo en uno mismo.
Con una mentalidad “fuera de la caja”, podemos estar orientados a las tareas y a las personas. De hecho, el éxito de nuestra organización depende de que estemos orientados a ambas.
A medida que desarrollamos una mentalidad “fuera de la caja”, aceptamos el hecho de que para lograr grandes resultados, debemos liberar el talento, la creatividad y el compromiso en nuestra organización. Y para hacerlo al máximo, necesitamos ver y tratar a los miembros de nuestro equipo y a nuestros clientes, como personas.
Como líderes, ya no necesitamos vivir y lidiar con el conflicto interno o la contradicción de estar orientados a resultados o a personas. Podemos centrarnos incondicionalmente en los resultados mientras honramos a los demás como personas.
Por eso, a la hora de identificar tu estilo de liderazgo, ten en cuenta tu mentalidad.
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