A veces es más fácil mostrar empatía y compasión hacia aquellos que afrontan retos que son evidentes. Sin embargo, la realidad es que todos tenemos retos, algunos son evidentes, otros no tanto. Cuando ponemos el foco en los demás, es decir cuando tenemos una mentalidad “fuera de la caja”, estamos atentos a sus retos, tanto los evidentes como los que no lo son.

 

Una mañana en el gimnasio

¿Alguna vez has tenido esos momentos en el gimnasio cuando no estás “por la labor”: te cuesta concentrarte y preferirías estar en cualquier otro lugar que no fuera frente a la máquina de pesas, la cinta de correr o una elíptica?

El otro día, temprano por la mañana, así es exactamente cómo me sentía.

Después de compadecerme un buen rato de mí mismo, observé al joven que estaba a mi lado y me di cuenta de que era diferente a mí de dos maneras: primero, estaba motivado: se estaba esforzando y sudaba ostensiblemente, lo que es mucho decir a esa hora de la mañana. La otra diferencia era que tenía una pierna protésica.

Me pregunté: si tuviera la opción ¿este joven se cambiaría por mí?

En el cajero

Unos días después, me tropecé con otro joven que también era muy diferente a mí. Estaba en un restaurante de comida rápida local (de ahí mi horario de gimnasio) y él atendía a los clientes en el mostrador. Para poder verme bien, se puso de pie sobre un taburete. Para servirme la bebida, llevó su taburete al dispensador de refrescos, llenó el vaso y trajo la bebida y el taburete. A pesar de sus dificultades evidentes, él me atendió amablemente y con espíritu de servicio, y mantuvimos una conversación muy agradable.

Retos evidentes y menos evidentes

Cuando los retos de los demás son evidentes para nosotros, parece que nos resulta más fácil tener una mentalidad fuera de la caja, enfocada en sus necesidades. Reconocemos fácilmente que, al igual que nosotros, los demás también tienen dificultades. Como resultado, los vemos como personas, personas que importan tanto como nosotros. Y nos resulta más fácil mostrar compasión y empatía por su situación.

Pero, ¿qué hay de las dificultades que no son tan evidentes?

Como seres humanos, viviendo el día a día lo mejor que podemos, todos enfrentamos retos.

Sin embargo, cuando tenemos una mentalidad dentro de la caja, los únicos problemas que importan son nuestros problemas. De hecho, a veces, incluso ¡sentimos que los demás son la causa de nuestros problemas!

Esta mentalidad dentro de la caja ignora el hecho de que los demás, igual que nosotros, también enfrentan retos en su vida, ya sean evidentes o no. Del mismo modo, esos retos son tan importantes como los nuestros.

Por el contrario, cuando tenemos una mentalidad fuera de la caja, estamos atentos a las necesidades y problemas de los demás. Intuitivamente reconocemos que todos tenemos retos, evidentes y no tan evidentes.

La mentalidad “fuera de la caja” y los “camiones de basura”

Me encanta la cita de David Pollay:

Las personas somos como camiones de basura. Vamos por ahí llenos de basura, llenos de frustración, de ira y de decepciones. A medida que nuestra basura se acumula, buscamos un lugar donde tirarla. Y si nos dejan, la arrojamos encima de los demás. Así que, cuando alguien desee volcar su basura sobre nosotros, no lo tomemos como algo personal. Solo sonriamos, saludemos, deseémosle lo mejor y sigamos adelante. Así seremos más felices.

Me gusta esta cita porque habla de nuestra condición humana. A veces, no podemos evitar arrojar la basura sobre los demás. Cuando alguien lo hace, tal y como nos recuerda Pollay, esto se debe a que las personas lidiamos cada día con nuestros problemas y preocupaciones. Entonces, sonriamos, pero no por quedar bien o porque toca, sino porque ese “camión de basura” es una persona, que simplemente está teniendo algunas dificultades en este momento.

A veces parece más fácil conectarse con la humanidad de otra persona cuando vemos que sus problemas son obvios. Seamos capaces o no de reconocer las dificultades de los demás, no cambia el hecho de que son personas, que importan tanto como como yo.

Por lo tanto, te propongo que la próxima vez que alguien “descargue” su basura sobre ti, prestes atención a los retos visibles y no tan visibles por los que atraviesa el “volquete”, y solo sonrías, saludes y le des palabras de aliento. Es probable que lo que más necesite esa persona—y lo sé porque yo también he tenido dificultades alguna vez—sea una sonrisa o un silencio. Nada más.