Autor: Chris Pineda

 

Un equipo en dificultades

Antes de unirme al equipo de Client Solutions de Arbinger, tuve el privilegio de dirigir un equipo de facilitadores encargados de difundir la metodología Arbinger en su organización. Empezamos el proceso con una serie de reuniones con varios equipos de diferentes departamentos para averiguar más cosas sobre ellos, concretamente sobre los desafíos que enfrentaban.

Uno de los equipos parecía enfrentar retos importantes: su liderazgo había cambiado tres veces en dos años; tenían graves conflictos internos; los miembros del equipo se saltaban las normas; y su productividad estaba muy por debajo de las expectativas. La situación era tan mala que el departamento estaba considerando discontinuar a este equipo por completo.

Después de hablar con el jefe del equipo y gerente, le propuse reunirme con ellos una vez por semana durante unos dos meses. Sinceramente, no estaba muy seguro de que el material de Arbinger realmente les ayudaría: había tanta tensión en el equipo que se podía cortar el aire con un cuchillo. Aun así, confié en mi intuición y comencé a reunirme con ellos una vez por semana, repasando poco a poco el material de Arbinger. Al cabo de cinco semanas habíamos avanzado tan poco que me desanimé. Parecía imposible que pudiéramos ayudar a este grupo.

Viéndose unos a otros como personas

Entonces llegó la sexta semana. Sentí que finalmente había desarrollado una relación bastante sólida con el equipo y que confiaban los unos en los otros lo suficiente como para trabajar con una herramienta de Arbinger en particular: el “Meet to Give”. Presenté el ejercicio como una oportunidad para aplicar lo que habíamos aprendido en las semanas anteriores. Le pedí a cada miembro del equipo que respondiera a dos preguntas:

  1. ¿Qué es lo más difícil que encuentras en el desempeño de tus responsabilidades actuales?
  2. ¿Qué es lo más difícil de trabajar con este equipo?

La consigna era que mientras cada persona hablaba, los demás debían escuchar las dificultades del compañero con las que creían podían ayudar. Eso era todo. Solo tenían que responder a las dos preguntas y escuchar lo que cada uno compartía. (Hay que tener en cuenta que había alrededor de 35 personas en el equipo, por lo que éste suponía un verdadero compromiso de escucha.)

La transformación

Lo que sucedió después fue increíble. El equipo se abrió respecto a lo que cada uno enfrentaba personalmente. Explicaban cosas que probablemente nunca habrían dicho antes, cosas que probablemente ni siquiera hubieran compartido, al menos no con tanta franqueza. Algunos compartían más que otros, otros eran muy emocionales, mientras que otros no, pero todos compartieron algo.

Después de que todos hablaran, les di 30 minutos para que se levantaran y fueran a reunirse para dar, “Meet to Give”, y ofrecer ayuda a los demás. Parecía que tenían muchas ganas—¡prácticamente saltaron de sus sillas para aportar algo a los demás! Incluso me sorprendí yo mismo acercándome a ellos individualmente para ofrecer mi ayuda. En un instante, me convertí en parte de ese equipo y fue un privilegio absoluto. Al final de la sesión, la directora y dos supervisores se levantaron y dijeron que sentían que acababan de conocer a todos por primera vez esa tarde, aunque habían estado trabajando juntos durante años.

La sesión “Meet to Give” transformó a este equipo. Con un nuevo sentido de la responsabilidad hacia los demás, durante los dos trimestres siguientes, este equipo se convirtió en el equipo de mejor desempeño del departamento.

En general, los talleres “Meet to Give” constituyen una herramienta excelente para facilitar la conexión de las personas a un nivel más humano (viendo a las demás como personas). A través de estas conexiones, las personas son capaces de comenzar a transformar sus relaciones en el trabajo y, en última instancia, a trabajar juntos de forma más eficaz.