“Reconocí que yo también la había tratado mal a ella. Había retenido información para hacerla parecer incompetente, la había criticado a sus espaldas.”

A menudo hablamos de influir en los demás – nos preguntamos ¿cómo podemos lograr que los demás cambien? ¿Cómo podemos conseguir que hagan lo que queremos? En los últimos tres años, he reflexionado mucho sobre lo que realmente significan estas palabras: “No podemos cambiar a otros; Solo podemos cambiar nosotros mismos “. Y es cierto—muy cierto.

Dicho esto, podemos invitar a otros a cambiar. Podemos hacerlo cambiando nosotros mismos. Para mí, hablar de mi propia transformación de una mentalidad dentro de la caja a una mentalidad fuera de la caja ha sido la manera más efectiva de invitar a los demás en mi organización a cambiar.

Mi viaje hacia la Mentalidad Fuera de la Caja

Cuando asistí al taller de Arbinger “Desarrollo e implementación de una mentalidad fuera de la caja” (DIOM–por sus siglas en inglés), hicimos un ejercicio que consistía en identificar el mayor reto que enfrentábamos en el trabajo. El mío era una persona: una de las managers de mi departamento. La veía como un gran problema. Me tomé este conflicto como algo personal y empecé a buscar aliados que se pusieran de mi lado y convinieran que ella era el problema (no yo, ¡yo era inocente!).

La formación DIOM me removió por dentro y poco a poco empecé a darme cuenta de que, en realidad, yo era el problema. Al principio, me resistía a admitirlo. Lo negaba y me defendía enumerando las mil maneras horribles en las que me había tratado. Finalmente, a pesar de todo, no pude negarlo más. Reconocí que yo también la había tratado mal a ella. Había retenido información para hacerla parecer incompetente, la había criticado a sus espaldas, exageraba sus errores y le quitaba importancia a sus éxitos. Fue bastante difícil admitir ante todos el daño que le había causado.

Cuando regresé al trabajo, quería comenzar a desarrollar una cultura de mentalidad fuera de la caja en toda la organización.

Sabía que todo empezaba con un cambio en mí. Tenía que “salir de la caja” de verdad y, al hacerlo, invitar a otros a hacer lo mismo. Como primer paso, empecé a reunirme regularmente con esta manager “problemática”. Me disculpé con ella por haberle puesto las cosas tan difíciles en los últimos años y le ofrecí mi ayuda desde ese momento en adelante. Esto transformó nuestra relación.

Invitar a otros en este viaje

Unos meses más tarde comencé a facilitar el taller DIOM, primero para mi equipo directivo y luego para todos los empleados. La verdadera transformación se produjo cuando empecé a reflexionar en voz alta sobre mi relación con la manager “problemática”. Admití todas las cosas horribles que le había hecho: cómo había bloqueado su progreso, cómo le había complicado las cosas y hablado mal de ella a los demás.

Al oírme hablar así, mi equipo directivo se quedó en estado de shock. Ellos habían sido hasta el momento mis más leales aliados contra la manager “problemática”. Cuando ella no estaba delante, nos sentábamos para criticarla y despotricar de ella. De hecho, ellos habían tenido sus propios conflictos con ella y se habían quejado de ello—y yo había simpatizado con ellos, por supuesto. Mi cambio de 180 grados les dejó atónitos. Decían: “¡Pero ella hizo X e Y y Z!” Tenía que responderles, “Sí, pero yo también la ofendí y, para que las cosas cambien, alguien tiene que dar el primer paso”. Acababa de tener esta revelación y tomar conciencia de lo que estaba haciendo. Fue muy poderoso compartir mi experiencia con el equipo.

Me siguieron

El equipo siguió mi ejemplo. Por supuesto que no fue fácil y por supuesto que hubo otras cosas que nos ayudaron a cambiar, pero mostrar mi vulnerabilidad al equipo fue un comienzo. Les invitó a mostrarse vulnerables también y abordar los problemas que enfrentábamos desde esa vulnerabilidad.

Desde entonces, Iolani Palace se ha convertido en uno de los museos más exitosos de Hawai. Cuando otros museos están luchando para llegar a fin de mes, nosotros estamos pasando por nuestros mejores años. Esto tiene poco que ver con la implementación de mejores prácticas, invertir más dinero en marketing o convertirnos en una organización más lean y eficiente. Ya habíamos hecho este tipo de cosas en el pasado con poco éxito. Los verdaderos resultados se produjeron cuando empezamos a invertir en nuestros empleados y a establecer como máxima prioridad el convertirnos en una organización con una mentalidad fuera de la caja. Convertirnos en un museo centrado en las personas, y no en los artefactos, es lo que marcó la diferencia.

* Iolani Palace, antigua residencia oficial de la realeza hawaiana, es ahora una representación viva y museo, orgullo de la identidad nacional hawaiana.