Si alguna vez has asistido a una conferencia sobre liderazgo, o has visitado la página principal de LinkedIn, es probable que hayas encontrado una descripción común de dos tipos de liderazgo: uno con el líder que está situado por encima o detrás de sus empleados, dando órdenes a los empleados que cargan con la pesada tarea, y otro con el líder al timón, demostrando lo que se espera del equipo y participando en la tarea, remangándose.

La diferencia entre estos dos tipos de líder es mucho más profunda que lo que pueda parecer. Un líder que depende del miedo o de la autoridad para manejar a sus empleados no se despierta un día decidiendo ser autocrático, de la misma manera que un líder que da poder e inspira a su equipo a través del ejemplo, no se despierta un día y decide comenzar a comportarse como un buen líder. Estos estilos de liderazgo están arraigados en la mentalidad que cada líder cultiva, y la mentalidad es más profunda que la conducta.

Los libros, artículos y sitios web dedicados a la formación de habilidades de liderazgo son innumerables, pero muy pocos hablan de la mentalidad que subyace a cualquier comportamiento o táctica que podemos aprender a hacer o dejar de hacer. Nuestra mentalidad es nuestra forma de ser—cómo vemos a los demás y al mundo que nos rodea. Es fácil comportarnos de una manera particular, pero ver al otro de una manera diferente, es más difícil. El buen liderazgo depende de cómo vemos a las personas, situaciones, desafíos y éxitos.

Cuando adoptamos una mentalidad dentro de la caja, nos enfocamos en nosotros mismos. Nos preocupamos mucho por ser apreciados en lugar de ganar respeto, nos sentimos amenazados en lugar de inspirados por otros, vemos a los demás como obstáculos en vez de ver su valor inherente o su contribución. En pocas palabras, el liderazgo con una mentalidad dentro de la caja no es realmente liderazgo. A menudo estamos frustrados con los demás y creemos que nos han llevado a la cólera, o que ser duro con ellos es la única táctica que funcionará.

«Gritar a la gente, humillándolos, usar lenguaje desagradable, no son tácticas de gestión sabias o efectivas. La ira le llevará a tomar decisiones precipitadas y estúpidas como líder», dice Bill English, del San Francisco Business Times.

Sin embargo, cuando adoptamos una mentalidad fuera de la caja, nos centramos en los resultados colectivos. Nos interesa desarrollar a los demás, en lugar de hacer que nos obedezcan. Nos centramos en el entusiasmo en lugar del miedo. Buscamos entender más que culpar. En lugar de usar a la gente para lograr nuestros objetivos personales, desarrollamos personas para lograr metas colectivas.

Como líder de un equipo, una división o una empresa, ¿qué tipo de líder eres tú?

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