Autor: Mike Rener

Ya no sé qué sentido tiene lo que hago.

Imagina que te encuentras a una enfermera, un doctor, un profesor, un policía o un bombero, al principio de la carrera que ha escogido. Imagina que le preguntas: ¿por qué elegiste ser______? ¿Qué contestarían? Podrían decir algo como “quiero ayudar a rescatar y salvar vidas”, “quiero inspirar a los estudiantes” o “quiero servir y proteger a los ciudadanos”.

Este deseo de servir, de ayudar a los demás de forma significativa, es común a muchas profesiones, más allá de las que tradicionalmente se consideran profesiones de servicio. Muchas personas obtienen un sentido de satisfacción y plenitud en su trabajo porque tienen la sensación de estar influyendo positivamente en la vida de los demás.

Si les volviéramos a preguntar lo mismo a estas personas unos años más tarde, ¿qué nos dirían? A lo mejor, contestarían algo como: “Uff, no estoy seguro de por qué elegí esta profesión. Es un trabajo muy duro. Es muy exigente y difícil. Me siento poco valorado y saturado”.

Este cambio de opinión también es frecuente.

¿Qué ha cambiado?

Arbinger diría que lo que ha cambiado, fundamentalmente, es la mentalidad. Al principio, su mentalidad se enfocaba principalmente en los demás, en el modo en que sus acciones podían incidir en la vida de aquellos a los que servían. Centraban su atención y energía en contribuir al éxito o al bienestar de los demás. Denominamos a este foco en los demás “mentalidad fuera de la caja”.

Lamentablemente, con el tiempo – a medida que el estrés, la escasez de tiempo, las relaciones personales y otros detalles cotidianos toman el control de nuestra mente – solemos caer en lo que llamamos una “mentalidad dentro de la caja”, donde ponemos el foco en nosotros mismos, en cómo conseguir nuestros resultados y en cómo los demás nos afectan positiva o negativamente para lograrlo. Cuando la mentalidad dentro de la caja empieza a meterse en nuestro trabajo, dejamos de ver el impacto que nosotros tenemos en los demás, solo nos preocupa el impacto que los demás tienen en nosotros. Dejamos de pensar en cómo podemos ayudar, colaborar más o ser más eficientes por el bien de todos y de la organización.

Como resultado, el trabajo y la profesión que al principio nos encantaba, comienza a parecernos una carga pesada – un trabajo duro que tenemos que hacer – más que un trabajo que deseamos hacer. Cumplimos con lo que ahora vemos como una obligación o como una serie de exigencias que nos han impuesto. Ya no nos sentimos comprometidos en conseguir grandes resultados en beneficio de la visión y objetivos globales.

Con una Mentalidad Fuera de la Caja podemos recuperar el sentido de propósito.

Para redescubrir la pasión, el compromiso y el sentido de por qué hacemos lo que hacemos, es clave recuperar la mentalidad fuera de la caja que una vez tuvimos.

Dos ejemplos recientes:

Después de conocer el trabajo de Arbinger, un jefe de bomberos dijo a su equipo: “[la mentalidad fuera de la caja] nos permitirá reconectar con la razón principal por la que nos hicimos bomberos.”

Un profesor retirado y actual director de una escuela pública, confesó, “la mentalidad fuera de la caja me hace tener ganas de ¡volver al aula y enseñar!”

Igual que la llamada original a hacer aquello para lo que hemos nacido, podemos reconectar con el sentido de propósito en todo tipo de profesiones. Sea cual sea nuestra profesión o cargo, podemos reconsiderar el modo en que concebimos nuestro trabajo. Podemos preguntarnos: ¿cuándo desempeño mi trabajo me enfoco en cómo los demás me pueden ayudar a conseguir mis objetivos? o, ¿desempeño mi trabajo teniendo en cuenta cómo puedo ayudar a los demás a conseguir sus objetivos? La primera manera de ver el trabajo genera resentimiento y desconfianza.  La segunda manera, característica propia de la mentalidad fuera de la caja, invita al compromiso, a los resultados y a un renovado sentido de propósito.

¿Quieres recuperar el sentido de lo que haces? Cambia el foco.