Autor: Jim Ferrell, Fundador y Director del Instituto Arbinger

El modelo de cambio de mentalidad de Arbinger promueve entender las necesidades, objetivos y retos de los demás y ajustar nuestros esfuerzos para ser más útiles. Este interesante post de Jim Ferrell, Fundador y Director del Instituto Arbinger, nos motiva a reflexionar en nuestra propia responsabilidad, en cómo contribuimos a que las cosas mejoren o empeoren.

Hace un siglo, en respuesta a un artículo que planteaba la siguiente pregunta: “¿Qué le pasa al mundo hoy?”, el periodista británico G.K. Chesterton supuestamente escribió esta carta al editor:

Estimados Señores:

Yo soy.

Atentamente,

G.K. Chesterton

Al margen de si Chesterton escribió o no esta carta, hay algo verdaderamente potente en su respuesta, algo muy distinto al tipo de respuestas que se están escribiendo en los medios de comunicación acerca de lo que le pasa al mundo hoy. Es como si la respuesta a la pregunta fuera una versión de lo siguiente:

A quien corresponda:

Ellos son.

Atentamente,

Todos.

Jefes de estado, miembros del congreso, representantes de los diferentes partidos políticos, de la ley, comunidades, grupos de activistas, redes terroristas operativas y expertos de ambos lados de asuntos políticos y de seguridad pública de nuestros tiempos, todos tienen algo en común: se culpan mutuamente. “Ellos son el problema” constituye la esencia de nuestra carta colectiva al editor.

Pero pensémoslo bien. Si culpamos a los demás de nuestros problemas, entonces nadie se hace responsable de los mismos, lo que perpetua su existencia, a menos que empecemos a cambiar la mentalidad y nos preguntemos de qué modo somos nosotros el problema o, mejor dicho, de qué modo soy yo el problema.

Al ver las noticias recientes sobre los ataques violentos en cadena, perpetrados tanto a nivel nacional como internacional, y al llevarme las manos a la cabeza viendo a los políticos de turno echándose la culpa mutuamente, me he preguntado ¿qué les pasa a esta gente? Pero al pensar en las palabras de Chesterton me he parado en seco. A lo mejor yo soy el problema—a lo mejor yo soy la causa de que el mundo esté como está.

Puede que, en mi defensa, estés pensando: “Pero tú no has atropellado a nadie con tu vehículo, ni le has disparado a nadie; de hecho, ni siquiera tienes un arma. Ni tampoco te estás presentando a presidente empequeñeciendo a todo el que te encuentras en tu camino. Tú no eres el problema.”

Puede que esté tentado a aceptar tu absolución, regresar a mi zona de confort y señalar a otros. Pero si lo hago, seguiré contribuyendo a que las cosas vayan mal, en vez de ayudar a que mejoren.

Yo soy lo que está mal con el mundo hoy. En serio. Con demasiada frecuencia no veo ni tengo a los demás en consideración; les veo como objetos y no como personas. Lo que significa que yo soy el problema—porque los demás son personas en realidad, no objetos. Verlos como objetos es un acto de violencia en sí mismo.

Esto es así incluso cuando no golpeo a nadie. No te engañes; un acto de violencia no es un golpe, sino una herida.

A nadie le gusta que le vean como una cosa. Es fácil darse cuenta de la violencia que ello encierra y nos resentimos y resistimos a ser cosificados. Algunos lo combaten alzando las armas. Otros, sin el uso de armas, nos sentimos ofendidos y culpamos a los demás. Sea como fuere, todos participamos en la deshumanización del otro, lo que contribuye a una sociedad enferma. Tomamos parte en la perpetuación del ciclo de violencia que amenaza nuestras comunidades, países y culturas.

¿Qué le pasa al mundo hoy?

Tristemente,

Yo soy.