Por Judith Aparicio, Arbinger España

Desde hace tres de años conozco el material de cómo salir de la caja y tener una mentalidad fuera de la caja.

En mi primera experiencia con Arbinger, un compañero de trabajo me comentó que desde donde estaba hablando de otro compañero con el que estaba en conflicto era un lugar de rabia, de resentimiento, de creer que yo tenía la razón y que, aunque conscientemente quería que la relación fuera a mejor, siempre que yo siguiera en ese lugar, seguiría creando distancia entre él y yo y, así, seguiría provocando aquello que tanto me molestaba de él.

Reconozco ahora, 3 años después, que aquel comentario me molestó un montón. Yo que era tan buena, tan buena compañera, tan correcta en el trato. O… eso creía yo.

Pero estaba equivocada. Me equivoqué y no supe reconocer realmente cuan equivocada estaba, teniendo esa actitud frente a mi compañero.

Ahora, desde la distancia, cuando acompaño en las empresas estos procesos de auto-conciencia, me doy cuenta del impacto que tiene lo que comunicamos.

Cuando pienso en mi actitud hace tres años, no me imagino en aquel entonces llegando a profundizar tanto con la otra persona como para compartir ese camino de crecimiento con él. Sentía rabia, estaba ensimismada en mi razón y eso no me permitía hablar claramente con él y reconocerle lo que me estaba pasando y admitir que seguramente él también tenía una buena parte de razón para actuar de aquella manera.

Creía que yo era la buena y él, en este caso, el compañero experto que se aprovechaba de mí.

Lo que yo estaba haciendo con mi “no-acción” era perjudicar al cliente y, en consecuencia, puse en peligro la confianza de nuestro cliente común, que, por cierto, nos costó labrar.

Mantener esa rigidez personal me ayudaba a conservar mi prestigio o supuesto prestigio, esa imagen que yo misma había creado de mí y que no me atrevía a compartir.

Mi antídoto cuando veo que esa supuesta timidez mía “ataca”, es simplemente mostrar lo que soy—aunque me cueste—, reconocer mi parte de responsabilidad en el problema y, sobre todo—que es lo que más me cuesta—pedir más información sobre cómo los demás han vivido ese momento tenso—siempre que pueden dármela y sienten la confianza para compartirla.

Siempre que puedo “me acompaño” en esos procesos tensos, procurando verlos como personas que no me quieren hacer ningún daño—seguramente ellos también intentan protegerse o defenderse—y no verlos como objetos, recursos o simples vehículos para lograr mis objetivos personales.

Gracias compañero por ayudarme a ver.