Cuando nuestra manera de actuar no resuelve los retos que se nos presentan, lo que realmente necesitamos es una nueva forma de ver las cosas.

Terry Olson cuenta una experiencia que comenzó en un taller que estaba dirigiendo para maestros de escuelas públicas.
En este centro educativo usaban una habitación cerrada para alumnos de primaria con graves problemas de conducta. Algunos de los maestros de dicho centro estaban sentados en la parte de atrás de la sala donde se impartía el taller, y murmuraban. A la mitad de la presentación, uno de estos maestros hizo una pregunta, quería saber cómo tratar a un niño que se estaba volviendo muy difícil de manejar. De hecho, aunque para disciplinarlo le enviaban frecuentemente al “cuarto de pensar» (un cubículo pequeño, cerrado y alfombrado para aislar a los alumnos problemáticos), el niño parecía empeorar. Solía calmarse un poco, después de pasar un tiempo en el “cuarto de pensar», pero luego se volvía aún más rebelde.

La semana anterior había protagonizado la peor de sus travesuras cuando un repartidor que colocaba refrescos en las máquinas expendedoras dejó abierta la puerta de la escuela, mientras entraba una carretilla cargada. Toby, el niño problemático, se acababa de escapar de su clase (algo que hacía con frecuencia) y se escondió en el área de descanso, entonces aprovechó la oportunidad para fugarse del centro. Se dirigió corriendo hacia el patio de la escuela, se quitó toda la ropa y, desnudo, empezó a correr por el parque. Al poco rato, una veintena de maestros horrorizados estaba persiguiendo a Toby.

Cuando vemos a las personas como objetos

“Entonces, ¿qué haces con un alumno así?”, preguntó el maestro. Terry le contestó que no tenía una solución mágica, pero sugirió que, si el niño se volvía cada vez más difícil después de estar encerrado en el “cuarto de pensar», tal vez no reaccionaba tanto al castigo en sí mismo, sino que se rebelaba al hecho de ser visto y tratado como un objeto. «Los objetos hacen lo que quieres que hagan», explicó Terry. “Puedes tirar una toalla en el fregadero, patear una pelota de fútbol en el campo o meter la ropa en una bolsa de lavandería. Pero cuando intentas tirar, patear o empujar a las personas, a menudo se resisten. Quizás Toby se está resistiendo a la idea de ser una «cosa».
Terry sugirió a los maestros que, si ninguna de las técnicas disciplinarias funcionaba con Toby, tal vez deberían considerar un enfoque distinto. En lugar de perseguirlo cada vez que se escapaba de clase y meterlo en el “cuarto de pensar», Terry los invitó a imaginar otras opciones. Les preguntó: «¿Cómo sería preguntarse lo siguiente: si tuviera que entregar mi corazón a este niño, ¿qué se me ocurriría hacer?» Luego los invitó a actuar según lo que se les ocurriera.

«Si tuviera que entregar mi corazón a este niño, ¿qué se me ocurriría hacer?»

Dos semanas después, Terry regresó al centro para otra sesión del taller. Se preguntó qué habría sido de Toby. Los profesores de la escuela tenían muchas ganas de contárselo. Una profesora le explicó la siguiente historia: “Dos días después del taller, Toby se escapó de mi clase, y en lugar de enviar inmediatamente a mi ayudante tras él, seguí dando la clase. Pasados unos minutos, dejé la clase en manos de mi ayudante y fui a buscar a Toby. Lo encontré en el auditorio, «escondido» debajo de una manta. Toby se había escondido como hacen muchos estudiantes de segundo grado: su pierna sobresalía por debajo de la manta. Me hice esa pregunta: «Si tuviera que entregarle mi corazón a este niño, ¿qué se me ocurriría hacer?» Entonces, recordé cuando yo era niña y jugábamos al escondite. Siguiendo un impulso, me estiré en el suelo y me puse debajo de la manta al lado de Toby. Él se sorprendió. Le dije: «Mira, ahora no puedo jugar al escondite contigo; tengo que dar una clase. Pero si todavía quieres jugar a la hora del recreo, vendré a buscarte para jugar». En el recreo volví al auditorio. Parecía que no se había movido. Destapé la manta y exclamé: «¡Te pillé!». Luego le dije que era mi turno de esconderme y me puse la manta por encima. «Contaré hasta 25», dije. Se quedó allí hasta que llegué a diez. Luego, vacilante, salió corriendo del auditorio. Yo le busqué. Lo encontré en un aula escondido detrás de un armario para las escobas. Y volví a contar. Lo encontré por tercera vez cuando sonó el timbre. Le expliqué que tenía que ir a dar una clase. Veinte minutos más tarde, entró en mi aula y se sentó en su silla.

Él no es perfecto, pero yo he cambiado. Cuando se porta mal, esa pregunta tuya hace eco en mi cerebro: «Si tuviera que entregar mi corazón …?» A veces, interrumpo lo que estoy haciendo y le hago una pregunta. A veces, le pido que ayude a algún compañero. A veces, le digo que necesito ayuda. A veces, simplemente le explico que «no puede hacer eso» y sigo. Generalmente, él se tranquiliza. Es un proceso lento, pero yo he cambiado con él. Ahora le veo de otro modo, incluso cuando monta un espectáculo.

No hay una fórmula para ayudar

Esta profesora descubrió lo que todas las personas y organizaciones fuera de la caja saben: no hay una fórmula para ayudar de manera efectiva. Tener una mentalidad fuera de la caja no significa que las personas deban hacer esto o aquello. Más bien, significa que al ver y reconocer las necesidades, los retos, los deseos y la humanidad en los demás, en ese instante se nos ocurren cosas que podemos hacer para ayudar. Cuando vemos a los demás como personas, respondemos de manera humana y útil. Ajustamos sin esfuerzo nuestra manera de actuar para dar respuesta a las necesidades que vemos a nuestro alrededor. Cuando tenemos una mentalidad fuera de la caja, nuestros comportamientos responden, de forma natural, de una manera nueva de ver a los demás.

Este post es un extracto del libro Mentalidad Fuera de la Caja: ver más allá de nosotros mismos.
Si sientes curiosidad por saber cómo la mentalidad fuera de la caja resuelve los problemas en un entorno corporativo, te invitamos a echar un vistazo a este otro extracto del libro, Cuando se trata de esfuerzos de cambio organizacional, no esperes a que otros den el primer paso. 

 

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